Hosni Mubarak endurece el régimen
Nombra vicepresidente al jefe de los Servicios de Inteligencia egipcios, el general Omar Suleimán

Imagen de los manifestantes, ayer, en las calles de El Cairo.
El presidente egipcio, Hosni Mubarak, empujado por las violentas protestas contra el régimen que lidera desde hace casi 30 años, designó ayer por primera vez a un vicepresidente, el general Omar Suleimán, y encargó a otro militar, el general Ahmed Shafiq, que forme un nuevo gobierno.
Treinta y ocho personas murieron en Egipto en las manifestaciones antigubernamentales reprimidas del viernes, tras la oración semanal en las mezquitas, según indicó el sábado el ministerio de Salud. Desde que se iniciaron dichas manifestaciones, el pasado martes, el número total de muertos ha sido de 48, según cálculos periodísticos. Solo el viernes, 12 personas murieron en El Cairo, una en Guiza, tres en Puerto Said, ocho en Alejandría, 12 en Suez y dos en El Mansurá, puntualizó el ministerio. Además, 1.900 personas resultaron heridas el viernes, entre los cuales hay unos 500 policías. Desde el martes, hubo 2.500 heridos, 1.000 de los cuales son policías, habían indicado previamente fuentes médicas y de seguridad.
El Cairo parecía ayer un campo de batalla, con restos de coches quemados y escombros en las calles y un espeso humo negro que se elevaba de la sede del partido gubernamental, tras saqueos y manifestaciones reprimidas contra el presidente Hosni Mubarak. «¡Fuera Mubarak!» o «el pueblo quiere que caiga el presidente», seguían coreando cientos de manifestantes en la mañana del sábado en la plaza Tahrir, en el centro de El Cairo, y miles más afluían hacia las partes más céntricas de la capital egipcia. «El presidente se tiene que ir, es lo único que queremos», dice Hasan. «Hace treinta años que está en el poder. Es más que suficiente», agrega este manifestante de unos treinta años de edad. «Egipto tendría que ser una potencia industrial y agrícola, pero estamos rezagados», prosigue.
«Nos quedaremos en la calle hasta que Mubarak deje el poder. Tal vez se necesite esperar uno o dos años, pero nos quedaremos», afirma Alí Barra, joven estudiante de medicina. «Queremos más libertad, reformas económicas y la anulación de las últimas elecciones legislativas. Queremos que se nos escuche. No somos animales. Somos seres humanos», dice Mohamed Raban, otro manifestante. «El pueblo superó el miedo, ya nada podrá detenerlo. Espero que no haya saqueos», declara un taxista. Jóvenes opositores y habitantes de suburbios pobres se agolpaban en el centro de la capital, que cuenta con 20 millones de habitantes.
Los cairotas intentaban despejar la gran plaza de El Cairo, sacando barreras de metal, y otros juntaban carrocerías calcinadas que bloqueaban calles céntricas. La sede del partido gubernamental, incendiada el viernes por la noche, seguía en llamas. La policía, que reprimió a los manifestantes desde el martes, estaba ausente de las calles de la capital en la mañana del sábado.
Israel, silente. Tras cinco días consecutivos de violentas revueltas en Egipto para exigir la dimisión del presidente Hosni Mubarak, las autoridades israelíes mantienen silencio sobre los acontecimientos en el país vecino y sobre el peligro que constituyen para su principal socio en la región. El Gobierno israelí se ha limitado a decir que el Ministerio de Exteriores observa atentamente la situación en Egipto y que su titular, Avigdor Lieberman, mantiene contacto continuo con el embajador en El Cairo, Yitzhak Levanon.
La legación diplomática permanece cerrada desde que estallaron las protestas y tampoco abrirá sus puertas hoy. El primer ministro Benjamín Netanyahu no ha anunciado aún su postura ante las revueltas que amenazan la continuidad en la Presidencia de Mubarak y, según la prensa israelí, ha dado instrucciones estrictas a sus ministros de que no hagan comentarios al respecto.
Fuga de reclusos. Centenares de presos de la cárcel egipcia de Al Fayum se escaparon ayer después de matar al director del penal, informó el canal qatarí de televisión Al Yazira.
El incidente en ese centro de reclusión, situado a 95 kilómetros al sur de El Cairo, se registró en medio del caos que reina en algunos lugares por la retirada de la policía desde la noche del viernes. Los medios de comunicación también han informado de la fuga de presos en otros centros de reclusión, aunque se trata de casos no tan numerosos como el de Al Fayum.