La respuesta a Mubarak recobra nuevos bríos con una manifestación de masas
El diálogo entre el vicepresidente y la oposición no satisface a los manifestantes

Una niña ondea una bandera nacional.
La movilización ciudadana para exigir la salida del presidente egipcio, Hosni Mubarak, recuperó ayer el brío que parecía haber perdido en los últimos días, con una manifestación multitudinaria en la que las familias volvieron a tomar el centro de El Cairo.
Después de que el pasado miércoles los partidarios violentos del régimen hiciesen acto de presencia, decenas de miles de egipcios retomaron el espíritu festivo de las primeras concentraciones y mostraron su rechazo a componendas o arreglos que no pasen por la salida de Mubarak.
La relativa calma que reina en Egipto desde el fin de semana, con ausencia de incidentes violentos y el regreso de la rutina, empujó a mucha gente a regresar a la plaza Tahrir, epicentro de las protestas, como reconocía Tarek Hamza, estudiante de Ingeniería.
«Fuera de Tahrir, la vida ha vuelto a la normalidad. Por eso, mucha gente aprovecha para venir en cuanto sale del trabajo. Antes nuestras familias no querían que viniésemos. Ahora no se enteran, o directamente vienen ellas», dijo Hamza.
Los manifestantes han establecido un calendario claro, con grandes convocatorias los martes y los viernes, mientras que el resto de días de la semana la presencia de miles de personas en tiendas y carpas trata de que la revuelta no se apague.
Malestar. Sin embargo, la irrupción de los «baltaghiya» (matones) sembró dudas sobre la capacidad de los manifestantes de galvanizar a los descontentos con el régimen. A juzgar por la respuesta de ayer, el miedo se ha superado y el comienzo del diálogo entre el vicepresidente Omar Suleimán -"en quien Mubarak ha delegado la gestión de la crisis-" y la oposición no satisface a Tahrir.
La masiva afluencia (cifrada en 300.000 personas por la organización de los Hermanos Musulmanes) colapsó por momentos el principal acceso a la plaza, el puente de Qasr El Nil. Por toda la plaza se colgaron grandes carteles con fotos de los muertos, considerados «mártires» por los manifestantes, en enfrentamientos con la policía o con los pro régimen.
El ambiente pacífico se traduce en que han vuelto los niños a la plaza, en que cada día se instalan nuevas tiendas de campaña y en imágenes tan poderosas como la de decenas de personas «acampadas» a la sombra de los tanques del Ejército, que ya están llenos de pintadas en favor de la revuelta.
El único emblema o estandarte que enarbolan los manifestantes es la bandera de Egipto, ayer más numerosa que nunca.