El presidente del CNT asume el poder libio tras su llegada a Trípoli

Los rebeldes aguardan la llegada de refuerzos para iniciar el asalto de Sirte.

Rebeldes libios preparan para entrar en Sirte.

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javier martín | trípoli
León

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Sacudida por incipientes disensiones internas y sin el control efectivo de la mayor parte del sur del país, la nueva autoridad libia afronta desde ayer el inicio de una semana crucial, tras la llegada a Trípoli del presidente del CNT, Mustafa Abdulyalil. Durante los próximos siete días se espera que el nuevo Consejo Nacional de Transición (CNT) ponga las bases para la convocatoria de una Conferencia Nacional que sirva para diseñar una estrategia y discutir las diferencias que han surgido en el seno de la llamada «coalición del 17 de febrero».

Con ese objetivo llegó el viernes a Trípoli el presidente del CNT, y cabeza política visible de los rebeldes, Mustafa Abdulyalil, quien fue ministro de Justicia durante el régimen del ahora huido dictador, Muamar el Gadafi. «Nos queda un trabajo muy largo y muy difícil por delante. Debemos acabar primero con las operaciones militares, pero no debemos de dejar de trabajar en las necesidades y en el tramo político», explicó ayer un alto cargo del CNT. En ese proyecto se centra desde hace semanas Abdulyalil, quien en su primera visita a la capital desde que prendiera el alzamiento mantuvo diversas reuniones con miembros de la CNT ya instalados en Trípoli y con notables de la ciudad.

Jefes de clanes de la provincia occidental de Tripolitania —en la que se halla la capital— así como líderes militares de zonas de gran actividad bélica como Misrata han criticado al CNT por la falta de decisión y de avances en la reconstrucción política, social y económica del país. El más crítico ha sido el líder militar islámico Ismail al Salabi, quien pide públicamente la renuncia de la autoridad de transición «ya que en realidad son remanentes del antiguo régimen».

En el ojo del huracán se sitúa el primer ministro del CNT, Mahmud Yibril, un tecnócrata que colaboró con el anterior régimen en un fallido intento de apertura económica, y que ya ha advertido que «la guerra no ha acabado» y que «el reto más difícil es el de la reconciliación». A Yibril, algunos grupos en Trípoli, Misrata e incluso en la propia capital rebelde, Bengasi, le recriminan que haya pasado mucho tiempo viajando por el extranjero y no se haya ocupado de resolver los problemas más acuciantes y fundamentales de la población.

En la línea del frente, el sábado se produjo una reducción de los combates, pese a que la Otan llevó a cabo algunos bombarderos y estallaron escaramuzas en Bani Walid, Sebha, Jufrah y el llamado «valle rojo», en las proximidades de Sirte, única ciudad del norte en poder gadafista.

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Fuentes militares confirmaron que controlan la entrada norte del oasis, pero que han optado por «un repliegue estratégico» a la espera de que avancen los frentes del este y el sur y lleguen más refuerzos desde Misrata.