Las protestas de los ‘indignados’ de EE.UU. se extiende por todo el mundo

Inspirados en el movimiento del 15-M exigen cambios concretos en el sistema.

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efe | washington

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La prensa les ignoró durante dos semanas, convencida de que ese movimiento «fracturado y abstracto», como lo calificó The New York Times en la primera crónica que publicó a los diez días, no era digno de su atención. La calle estaba escuchando, pero ha sido la agresividad policial la que ha amplificado las voces del movimiento Ocupa Wall Street hasta llegar a todos los oídos del mundo.

Desde el 17-S han tomado las calles, realizado dos asambleas diarias y dormido en una pequeña plaza que, paradójicamente, se llamaba Liberty Plaza hasta que fue rebautizada en el 2007 como Zuccotti Park. El lunes de la semana pasada les visitó el cineasta Michael Moore, el martes el activista de color y profesor de Princeton Cornel West, el miércoles la actriz Susan Sarandon, el jueves el sindicato de Transportes, el viernes la organización MoveOn que impulsó la elección de Barack Obama, y con todo seguían ausentes en la prensa hasta que les visitó la Policía. Un encuentro doloroso que sin embargo les ha traído la atención que buscaban y que acabará siendo considerado como un craso error estratégico de las fuerzas del orden.

Estrategia. Ya lo discutían sus integrantes desde el principio. «Si nos detienen a todos, no podremos seguir con esta causa», decía una chica en las primeras asambleas. «Todos los movimientos civiles han empezado con detenciones masivas», contraatacaba un defensor del sacrificio. Y así fue. Dos actuaciones policiales que les han sacado de la invisibilidad del parque Zuccotti. La primera, el sábado 24, cuando un agente identificado por el grupo Anonymous como Anthony Bologna fue captado en dos vídeos rociando gas lacrimógeno directamente a la cara de dos chicas que se manifestaban pacíficamente. Aquella primera carga policial camino de Union Square acabó con un centenar de detenidos pero la segunda, el sábado en un escenario mucho más cinematográfico, el puente de Brooklyn, asciende a cerca de 800. Difícil de ignorar, por mucho que no se entienda.

Como en el 15-M, en el que se inspiran, la pregunta es cómo se canaliza la ira de tantos indignados hacia cambios concretos para ese sistema contra el que protestan. Muchos lo ven como la respuesta de la izquierda al Tea Party, que dos años después de su nacimiento controla la Cámara Baja del Congreso y amenaza con dominar el Senado tras las próximas elecciones. Es una buena etiqueta, pero las diferencias son notables. Ocupa Wall Street sale de la calle, no tiene estructura legal para recaudar fondos ni cabecillas que den entrevistas por televisión, donaciones de multimillonarios ni demandas concretas. Son jóvenes que claman ser el 99%, ése que tiene menos dinero que el 1% capaz de comprar todo el sistema político a través del Tea Party para evitar que les suban los impuestos.

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