Diario de León

Reportaje | m. e. alonso

La guerra contra Irán

El asesinato de un científico tensa las relaciones con EE.UU. e Israel y puede llevar al régimen a responder con la misma moneda

Imagen de archivo del funeral por Mostaf´´a Ahmadi-Roshan

Imagen de archivo del funeral por Mostaf´´a Ahmadi-Roshan

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La tensión en el Golfo Pérsico, una zona geoestratégica mundial ha crecido en los últimos días. Primero fueron las amenazas del régimen iraní de cerrar el estrecho de Ormuz por el que circula el 40% del transporte marítimo mundial de crudo. Y ahora el asesinato de un científico nuclear iraní ha puesto en evidencia algo que ya se sabía: la guerra encubierta que, organizada según todos los indicios por Estados Unidos e Israel, se libra contra el programa nuclear de Mahmud Ahmadineyad. El pasado miércoles el experto químico Mostafá Ahmadi-Roshan se encontraba en el interior de su pequeño Peugeout, cuando se le acercaron dos desconocidos en motocicleta que colocaron una bomba-lapa en su vehículo. El científico murió instantáneamente en la explosión. Su conductor lo hacía poco después a causa de las heridas. Roshan, de 32 años, era director adjunto de la instalación de Natanz, ubicada unos 200 kilómetros al sur de Teherán.

 

La planta es el centro neurálgico del proceso de enriquecimiento de uranio que desarrolla el régimen y está en condiciones de albergar hasta 50.000 centrífugas supersónicas. Hace unos días, el Gobierno iraní anunció el inicio de un nuevo proceso de enriquecimiento de uranio —material base de las bombas nucleares— en la planta de Fordo, a 160 kilómetros de la capital.

 

Las autoridades iraníes salieron de inmediato a responsabilizar a Israel y a Estados Unidos de esta última muerte, que se produjo menos de dos meses después de una sospechosa explosión en una base de misiles, donde murieron un alto general y 16 personas más. En Tel Aviv no ha habido comentario y Washington ha negado toda relación con el asesinato. El ministro de Defensa de EE UU ha soltado un sibilino comentario: «Tenemos algunas ideas sobre quién podría estar implicado». Explosiones, secuestros, ciberataques y deserciones que han conseguido retrasar hasta ahora los plazos en los que Irán podría contar con la bomba atómica. Hasta ahora, el régimen de Ahmadineyad no ha respondido a estos ataques más que a viva voz. Pero esta última muerte podría colmar el vaso y causar que la poderosa agencia de inteligencia iraní, Etilaat, y la fuerza de élite Quds de los Guardias Revolucionarios lleven a cabo algunos ataques en el exterior.

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