Napolitano reprocha a los partidos su incompetencia
El político juró su cargo como presidente de Italia a los 87 años.
La presidenta de la Cámara, Laura Boldrini; Napolitano y el presidente del Senado, Pietro Grasso.
La maquiavélica clase política italiana se retrató ayer de forma memorable con su reacción a las duras palabras que Giorgio Napolitano, al jurar otra vez como presidente de la República, pronunció contra ellos acusándoles de incompetentes y poco de fiar: le aplaudieron a rabiar, como si la cosa no fuera con ellos. «¡Que estos aplausos no induzcan a la autoindulgencia!», les espetó con su verbo barroco a la antigua. No se recuerda una bronca tan severa a los partidos italianos de un jefe de Estado.
No es para menos si se recuerda que Napolitano, a sus 87 años, repite en el cargo después de siete, obligado por los dos grandes partidos, el PDL de Silvio Berlusconi y el Partido Demócrata (PD), incapaces de pactar un sustituto. Y en un país bloqueado tras las elecciones de hace dos meses y aún sin Gobierno. Son los mismos, sobre todo el magnate, que han desoído desde noviembre del 2011, bajo el Ejecutivo técnico de Mario Monti, las peticiones de Napolitano para acordar varias reformas básicas de higiene y desbloqueo políticos: cambiar el absurdo sistema electoral, acabar con el idéntico peso de Cámara y Senado que obliga a trámites interminables, reducir los parlamentarios, recortar los costes de la política y racionalizar la financiación de los partidos.
No le han hecho ni caso y ayer el presidente lanzó un ultimátum. O ahora van en serio o no dudará «en sacar consecuencias». O sea, les mandará a la porra. Adelantó que se toma su regreso como algo «excepcional» y que se irá en cuanto pueda o le fallen las fuerzas.
Napolitano exigió un Gobierno de gran consenso, apoyado como mínimo por PDL y PD, para aprobar un paquete de decisiones esenciales y dar una señal de estabilidad a los mercados. Se supone que será una transición hasta otras elecciones, en un año o dos. Pero como siempre en Italia, habrá que verlo, porque pueden volver a torearle. Todo sigue empantanado. Se espera tener primer ministro mañana o pasado, aunque los partidos ya discuten a quién colocar, porque no quieren quemarse directamente en este lío. Se habla de Giuliano Amato, ex socialista reciclado para todo.
En realidad Italia está igual que en noviembre del 2011, cuando cayó Berlusconi y la urgencia económica desaconsejaba ir a las urnas. Monti salvó los muebles, apoyado por los grandes partidos, que entretanto debían aprovechar para dar una señal de decencia y aprobar las reformas exigidas en la calle. Pero en cuanto se pasó el susto se relajaron y han perdido este año y medio.