Nadie reclama el cuerpo de uno de los presuntos terroristas de Boston
Tamerlan Tsarnaev era un devoto musulmán que rezaba cinco veces al día, pero casi una semana después de su muerte en un enfrentamiento con la policía, su cuerpo sigue solo y desnudo en la morgue de Boston. Los forenses han terminado la autópsia, pero nadie ha reclamado el cadáver. Su mujer se ha refugiado con la niña de ambos en casa de sus padres, desde donde ha lamentado en un comunicado haberse dado cuenta de que «nunca» le conoció. Sus dos hermanas, afincadas en New Jersey, han emitido otro distanciándose de él. Su madre no puede volver a EE.UU. sin enfrentarse ella misma a la justicia por robar el año pasado en unos grandes almacenes, y su padre ha dicho que vendrá, pero aún no lo ha hecho.
Tampoco nadie lo quiere enterrar, según contó ayer su tía Patimat Suleimanova a NBC. La familia ha pedido a una mezquita de la zona que le haga un funeral islámico, pero ésta se ha negado. Suleianova no supo dar el nombre exacto, pero dijo que era la que frecuentaba la familia. O sea, la Sociedad Islámica de Boston, a pocas manzanas de donde vivían los jóvenes, en la sofisticada población de Cambridge. Allí el imán ha dicho que ni siquiera considera a los presuntos autores del atentado en el maratón de Boston miembros de su comunidad. Para enterrarlos buscaría a un laico de su comunidad, porque aunque la excomunión no existe en el islám, todos dicen que alguien que mató deliberadamente a tantos inocentes no tiene sitio entre los musulmanes.
Hubo un tiempo en que el propio Tamerlan buscaba inspiración en otros seres sabios y pacifistas como Confucio y Ghandi, según contó ayer a CNN su ex cuñado Elmirza Khozhoov. Como Ruslan Tsarni, su tío de Maryland, Khozhoov no cree que conociese a ese alguien en Dagistán, como especula la policía, sino en las calles de Cambridge. Ambos coinciden en señalar a un armenio de barba roja convertido al islám, al que Tamerlan presentó como Misha.