Obama se lanza a la batalla por la igualdad salarial de las mujeres

La mitad de los trabajadores de EEUU tienen prohibido o desaconsejado hablar de su sueldo. El presidente dicta nuevas medidas contra los «ciudadanos de segunda» en el lugar de trabajo

Obama recibe a un grupo de mujeres en la Casa Blanca tras firmar esta semana dos órdenes ejecutivas a favor de la igualdad salarial y una mayor transparencia.

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IDOYA NOAIN
León

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El pasado martes Estados Unidos celebró el día de la paga igualitaria. La fecha marca el momento aproximado del 2014 hasta el que una mujer debe trabajar para ganar lo mismo que un hombre cobró en el 2013. Aunque el cálculo es aproximado (y discutido), 51 años después de que se aprobara la ley de paga igualitaria contra la discriminación, las mujeres siguen ganando menos que los hombres por idénticos trabajos, de media 77 centavos por dólar (53 en el caso de latinas y 64 en el de negras). No es casual que el presidente, Barack Obama, eligiera el día para firmar dos órdenes ejecutivas para combatir esa desigualdad.

Obama -cuya primera ley cuando llegó a la Casa Blanca en el 2009 fue una norma que dio más tiempo para demandar a una empresa por discriminación salarial)- prohibió a los contratistas federales castigar a empleados que comentan entre ellos sus salarios. Obligó también a los contratistas a dar al Departamento de Trabajo datos salariales clasificados por minorías y sexos para poder identificar cualquier discriminación. «Cuando las mujeres tienen éxito, EEUU tiene éxito -dijo-. No tenemos ciudadanos de segunda clase en este país, y ciertamente tampoco en el lugar de trabajo».

Enmarcada en la campaña del presidente y los demócratas por poner en el centro del debate nacional la lucha contra la desigualdad salarial en el año de elecciones legislativas (en noviembre), y con un claro gesto hacia el determinante bloque de votantes que son las mujeres (53% del electorado), la acción de Obama fue celebrada por grupos como el Centro Nacional de Derecho de la Mujer (NWLC). Desde este grupo en Washington, Fatima Goss Graves afirma que las órdenes del presidente son pasos más que simbólicos: «Incrementan la transparencia y dan herramientas a las mujeres para luchar contra la discriminación».

Actualmente, en EEUU la mitad de los trabajadores tienen expresamente prohibido o desalentado comentar sus salarios. Y hay análisis que demuestran que en ambientes donde sí se puede hablar de sueldos, la brecha entre los de hombres y mujeres es menor. Según un estudio publicado en enero por el NWLC, entre profesionales que forman parte de un sindicato la brecha salarial por género es menor que en la media nacional (90.6 centavos cobra la mujer por cada dólar del hombre).

OPOSICIÓN DEL CONGRESO / Obama optó por usar el poder ejecutivo para esquivar al Congreso, que hizo que gente como Goss Graves pasara de la alegría a «la profunda decepción» en un solo día. El miércoles, en el Senado, los republicanos frenaron una propuesta de ley que habría extendido medidas de transparencia a cualquier empresa.

El argumento de los republicanos es que el foco puesto por los demócratas en la paga igualitaria es una maniobra electoralista para alejarlo de los problemas de una economía aún renqueante. Mitch McConnell, el líder de la minoría republicana en el Senado, llegó a definir el tema como «la última bizarra obsesión de la izquierda».

Los republicanos argumentan también que ya hay legislación contra la discriminación, a lo que Catherine Hill, de la Asociación Americana de Mujeres Universitarias, responde: «Obviamente, la ley de 1963 es importante, pero tiene 51 años y necesita algo de ayuda para marcar una diferencia».

BRECHA MENGUANTE PERO BRECHA /Aunque admiten que existe una brecha salarial, los conservadores subrayan que es menguante, minimizan los datos y atribuyen parte de la diferencia a la concentración de mujeres en empleos peor pagados (dos tercios de quienes cobran salario mínimo son mujeres y las industrias en que tradicionalmente dominan pagan menos que las dominadas por hombres). Y el viernes celebraron como ratificación de sus ideas un informe del propio Gobierno.

Ese documento apunta a que para las empleadas federales la brecha se ha ido reduciendo (30% en 1992, 19,8% en el 2002 y 12,7% en el 2012). Dice, asimismo, que la mayor parte se explica por las diferencias ocupacionales y otros factores que se pueden medir. El 3,8% de la diferencia salarial, no obstante, no tiene explicación. Y este porcentaje en el sector privado sube hasta el 20% y en algunos casos hasta el 40%.

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Janet Kopenhaver, portavoz de Mujeres Empleadas Federales, ponía el dedo en otra llaga: «El verdadero problema salarial en el Gobierno federal -declaró a The Washington Post- es que las mujeres aún afrontan muchos obstáculos para llegar a los trabajos mejor pagados».