Mohamed VI reconoce que «la riqueza no llega a todos los marroquíes»
El rey Mohamed VI de Marruecos reconoció ayer que la riqueza que se produce en el país «no llega a todos los ciudadanos», y que persisten entre ellos «profundas disparidades sociales» y «manifestaciones de precariedad y pobreza» que él ha visto en sus viajes por el país.
El monarca hizo esta inusual autocrítica en su discurso por el 15 aniversario de su llegada al trono alauí, en el que encargó al Consejo Económico, Social y Ambiental (institución consultiva y no electa) un estudio que mida «el valor global del país entre 1999 y 2013», durante el tiempo de su reinado. Para el monarca, el objeto de este estudio es orientar las políticas públicas para que «todos los marroquíes puedan beneficiarse de las riquezas de su país».
Mohamed VI se preguntó si los logros y progresos «han tenido o no un impacto en las condiciones de vida de los marroquíes». Para el soberano alauí, se trata de medir «el capital inmaterial» del país,un concepto en el que deben tomarse en consideración «la seguridad y la estabilidad, fundamentos de la producción y la riqueza» a pesar de que no suelen tomarse en cuenta a la hora de medir «el valor global» de los Estados.
Marruecos siempre insiste en la estabilidad de sus instituciones y la seguridad como principales virtudes del país en un contexto árabe marcado por las convulsiones resultantes de las revoluciones árabes de 2011.
Por otra parte, el monarca hizo referencia a otras cuestiones de política general como la gestión de las cuestiones religiosas en el país, subrayando que Marruecos debe «proteger las mezquitas de toda instrumentalización» y protegerla de «los demonios del extremismo», alusión apenas velada a las tendencias salafistas que en los últimos años prosperan en el mundo árabe.
No faltaron en el discurso las consabidas referencias a la necesidad de consolidar la mortecina Unión del Magreb Árabe y las críticas al respecto a la vecina Argelia por su «intransigencia y rechazo sistemático (a reabrir las fronteras comunes), que van a contracorriente de la lógica de la historia y de la legalidad».