El papa se presenta en Estados Unidos como hijo de una familia de inmigrantes
El pontífice pide a los obispos que no tengan miedo a acoger a inmigrantes latinos.

Obama y el papa Francisco escuchan el himno estadounidense durante la ceremonia de bienvenida a Washington.
«Si queréis saber dónde viaja el papa, buscad el coche más pequeño», recomendó su portavoz, el padre Federico Lombardi, al llegar al país que ha hecho del automóvil una religión. Cuanto más grande, más caro y más lujoso, más importante es quien vaya dentro, no será por gasolina barata en la cuna de Henry Ford. De ahí que nadie diese crédito ante el pequeño Fiat 500 que traslada al papa Francisco estos días, tan diminuto en comparación a la enorme caravana de limusinas y minivans en la que se inserta, que los primeros cronistas pensaron que era un mini. El pontífice, que llegó cojeando, aquejado de ciática, se presentó ante el pueblo estadounidense en inglés como «hijo de una familia de inmigrantes», directo a la controversia. «¡Nosotras también somos inmigrantes y hemos dado mucho a este país!», decían dos mujeres jamaicanas, que presumen de haber obtenido un master universitario y ser voluntarias en varias organizaciones. Con su talante diplomático, el papa argentino recordó que «este país se ha construido con emigrantes» y más tarde pidió a los obispos estadounidenses que no tengan miedo de acoger a «la ola de inmigrantes latinoamericanos que afecta a muchas de las diócesis», por chocantes que les resulte «esa diversidad», observó, como «pastor del sur». «Estoy convencido de que, como ha ocurrido en el pasado, enriquecerán a EE UU y a su Iglesia», declaró Francisco.
Empatía y corazón
También su anfitrión lo piensa. La reforma migratoria para incorporar plenamente en la sociedad estadounidense a once millones de emigrantes en la sombra ha sido uno de los proyectos fracasados del primer mandatario afroamericano, que ayer se reunió con el primer papa latinoamericano, en la mansión construida por esclavos. Y «desde los refugiados que huyen de las tierras asoladas por las guerras a los inmigrantes que dejan su hogar en busca de una vida mejor, usted nos recuerda que debemos recibir a los extraños con empatía y el corazón abierto», dijo el mandatario, que ve a Francisco como «un profundo ejemplo moral que ha sacudido nuestras conciencias». Ambos disfrutaron de 40 minutos a solas, donde presumiblemente discutieron algo más que la lucha contra el cambio climático, donde son cómplices.