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A. Lorente | Bruselas
León

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La guerra, en realidad, comenzó hace bastante tiempo, pero ayer se libró la primera de las grandes batallas. No son cosas de cronistas comunitarios, palabra de David Cameron. Escuchen: «Quiero ver un progreso real en las cuatro áreas que he planteado, pero no estamos buscando un acuerdo hoy, estamos buscando un impulso para que podamos lograr un buen acuerdo y vamos a dar la batalla por Gran Bretaña durante toda la noche».

Dicho y hecho, porque al cierre de esta edición, la cena de los jefes de Estado y de gobierno de la UE aún no había terminado. El ‘Brexit’ estaba encima de la mesa y hablar de la posible salida británica del club de clubes son palabras mayores. Lo marcan los cánones. Debe haber tremendismo, nervios, desesperación… Y al final, el acuerdo, la magia de las madrugadas comunitarias. La cumbre de febrero es la fecha clave. Ayer, de momento, se libró la primera gran «batalla» y a tenor de lo sucedido, Cameron no lo tendrá nada fácil si quiere que su propuesta para seguir en la UE salga adelante. Sucede como ocurrió con Alexis Tsipras en Grecia. Uno contra 27, que no 27 contra uno. El matiz no es baladí.

El premier británico se ha metido él solito en un callejón que en Bruselas tiene difícil sálida. Y no por prometer un referéndum de adhesión antes de que finalice 2017, que también, sino por su batería de exigencias demandadas para hacer campaña por el Sí.

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