El Gobierno francés evita someter a voto su polémica reforma laboral
Manuel Valls impone la aprobación sin el aval parlamentario de la controvertida norma.
El primer ministro francés, Manuel Valls. JEREMY LEMPIN
F. Iturribarría | París
El primer ministro francés, Manuel Valls, impuso ayer la aprobación sin aval parlamentario de la reforma laboral para neutralizar la rebelión del sector crítico socialista contra el último gran proyecto legislativo de François Hollande a un año del fin de su mandato presidencial. Como ocurrió en 2015 con la ley de la liberalización de la economía, el Ejecutivo recurrió al mecanismo constitucional que permite sacar adelante un texto sin votación de las cámaras siempre que no prospere una moción de censura que provocaría la dimisión del Gobierno. Presentada por la oposición de centroderecha, esa moción será debatida hoy, jueves, día en que hay convocada una nueva jornada de movilizaciones callejeras contra la reforma.
Las cuentas no le salían a Valls. Por lo menos 40 diputados rebeldes se negaban a aprobar la reforma laboral, combatida desde hace un par de meses en la calle por sindicatos contestatarios, organizaciones estudiantiles e indignados de ‘Noche en Pie’. Otras fuentes elevaban el contingente díscolo a 50 o 60 escaños de los 286 inscritos en el grupo socialista. El jefe del Gobierno comprobó la persistencia del motín en una reunión organizada a la desesperada por la mañana con representantes de las distintas corrientes. En vista del nulo éxito, Hollande convocó una reunión extraordinaria del Consejo de Ministros que a primera hora de la tarde autorizó a Valls el recurso al discutido artículo 49.3 de la Constitución que en la práctica supone someterse a la confianza del Parlamento.
Las explicaciones
«La conjunción de las oposiciones, incluso de quienes no respetan la decisión muy mayoritaria de su grupo, puede bloquear este texto», alegó el primer ministro ante el hemiciclo. «La reforma debe culminar, el país debe avanzar, el diálogo social y los derechos de los trabajadores deben progresar», argumentó en una sesión muy crispada.
La oposición de centroderecha replicó con la presentación de una moción de censura que requiere el respaldo de la mayoría absoluta para prosperar. Los portavoces conservadores denunciaron un «fiasco político» y el «último clavo en el ataúd» del mandato de Hollande.Se privaron de recordar las críticas del presidente socialista en 2006 cuando desde la oposición arremetía contra el 49.3 por ser «una brutalidad, una negación de la democracia y una manera de frenar e impedir el debate parlamentario».