La ciudad bávara se esfuerza por recuperar la normalidad perdida

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León

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efe | múnich

La ciudad de Múnich se esfuerza por volver a la normalidad tras una noche de horror tras el tiroteo, mientras las banderas ondean a media asta y los ciudadanos comienzan a depositar flores en el lugar de los hechos.

«Fue un solo atacante y está muerto. Ya no genera ningún peligro y eso es ahora lo más importante para nosotros», dijo ayer el jefe de la policía muniquesa, Hubertus Andrä, tras una noche en la que un joven germano-iraní dio muerte a nueve personas y luego se suicidó.

Se trataba de un parte de relativa tranquilidad tras una noche de nervios en la que se habló de hasta tres atacantes y se declaró la alarma terrorista, aunque posteriormente se llegó a la conclusión de que se trató de un acto de un individuo aislado.

El primer ministro bávaro, Horst Seehofer, ordenó izar las banderas en Baviera a media asta y en las proximidades del centro comercial algunos ciudadanos comenzaron a depositar flores y encender velas en memoria de los fallecidos. Seehofer, además, depositó una ofrenda floral en el lugar de la matanza.

La presencia policial seguía siendo fuerte ayer en los alrededores del lugar del ataque.

Ayer ya funcionaba con normalidad el metro y el resto de transportes públicos, que permanecieron suspendidos durante el periodo de alerta.

La policía dijo que actualmente no había razones relacionadas con la seguridad para no moverse libremente por Múnich ni para dejar de visitar la ciudad. Sin embargo, en la calle no se veía mucha gente y muchos actos fueron cancelados, como una fiesta en la zona peatonal para conmemorar el aniversario de la ley de la pureza de la cerveza alemana, lo mismo que un festival de música como muestra de que no es momento de celebraciones.

Por otra parte, entre los muniqueses, desde la noche del viernes, se desató una ola de solidaridad y a través de las redes sociales había quienes anunciaban que las puertas de sus casas estaban abiertas para quienes necesitaran compañía tras el trauma.

En todo caso, el temor sufrido todavía estaba presente en muchos de los habitantes de la capital bávara.

Muriel, española residente en Múnich, explicó cómo el miedo se extendió rápidamente en toda la ciudad con las primeras noticias del tiroteo: «Estaba a punto de salir de casa para ir a cenar el centro y una amiga me llamó para decirme ‘no salgas’».

A partir de entonces, como la inmensa mayoría de la población de la ciudad, de alrededor de 1,4 millones habitantes, se quedó en casa pegada al teléfono y a las noticias.

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«Estábamos totalmente asustados», rememora recordando las informaciones que se sucedían sobre tiroteos en distintas partes de la ciudad, todas falsas.