TRAGEDIA EN PORTUGAL
Ayuda desde León para detener el fuego en Portugal
Casi 60 efectivos de León se unen al despliegue de la UME contra las llamas en Pedrogao Grande. Cuatro frentes complican el control del devastador incendio
Un efectivo de la UME de León, durante las tareas de extinción del fuego. UME
Efe | portugal
Seis aviones, 100 militares de la Unidad Militar de Emergencias —56 del quinto batallón de Intervención de Emergencias con sede en León y 44 del primer batallón de INtervención en Emergencias con sede en la base aérea de Torrejón de Ardoz— y 25 bomberos españoles participan en las tareas de extinción del trágico incendio de Pedrógão Grande, en Portugal, que ha dejado hasta el momento 64 víctimas mortales, informó el Ministerio del Interior.
A la zona del incendio se han trasladado hasta el momento cuatro aviones apagafuegos del Ministerio de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medioambiente (MAPAMA), cada uno de ellos con 5.500 litros de capacidad, así como dos aviones Air Tractor de carga en tierra y de 3.100 litros, aportados por la Junta de Comunidades de Castilla La Mancha.
Asimismo, se han trasladado al país vecino desde España un módulo terrestre de extinción y tres autobombas ligeras y tres pesadas, así como un vehículo de mando con 25 bomberos de la Comunidad de Madrid.
Portugal no sale de su estremecimiento mientras las llamas siguen devorando una amplia extensión de bosque en el centro del país. Sus autoridades elevaron ayer a 64 el número de muertos causados por el voraz incendio que se declaró el sábado en Pedrógao Grande, en el distrito de Leiria, al sureste de Coimbra; pero reconocen que cuando los equipos de extinción lleguen a algunas aldeas apartadas que ayer permanecían inaccesibles por el fuego y el humo, se enfrentarán probablemente al hallazgo de nuevas víctimas.
Cientos de bomberos, soldados, policías, hasta sumar unas 2.000 personas, además de numerosos voluntarios y una nutrida expedición española mantenían ayer su denodada lucha contra el fuego en al menos cuatro frentes que permanecían activos. Con pocas esperanzas de obtener avances inmediatos porque las condiciones climáticas seguían siendo extremadamente adversas: fuertes vientos, altísimo calor y esporádicas tormentas secas, como la que se supone que desató la catástrofe el sábado, al caer un rayo sobre un árbol seco.