Desmovilización de las Farc: del desarme a la explosión de sus disidencias
Los disidentes llegan ya a las 1.200 personas y se dedican al narcotráfico.
g. d. loeda | bogotá
Entre 2016 y 2017 los colombianos vieron como las FARC, hasta ese momento la guerrilla más antigua y poderosa de América Latina, dejaba las armas e iniciaba el camino de la legalidad, un éxito sin precedentes que ahora se ve opacado por el crecimiento de grupos disidentes como consecuencia del fracaso de la reintegración.
Prueba de ello es el autodenominado «Frente Oliver Sinisterra», conformado, según las autoridades, por más de medio centenar de disidentes de las Farc dedicados al narcotráfico y al mando de Walter Patricio Arizala, alias «Guacho», que ha sembrado el terror en la zona de frontera con Ecuador.
Ese grupo ha mostrado claramente como los nuevos grupos traen un repunte de la violencia y la sevicia, que quedó en evidencia con el secuestro y asesinato de un equipo periodístico del diario ecuatoriano El Comercio. Que un grupo de guerrilleros se quedara empuñando las armas era previsible, especialmente los más dedicados al narcotráfico, pero lo cierto es que, según admitió el ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, los disidentes ya son al menos 1.200.
Para ellos, en su mayoría mandos medios y guerrilleros rasos que no conocen otro oficio que el de la guerra, las dudas se multiplicaban al no saber a qué se iban a dedicar en la paz. Tampoco su futuro en libertad era claro, ya que el acuerdo incluye la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) y una ley de amnistía excepto para quienes hubieran cometido graves crímenes, lo que les ponía en el punto de mira de la justicia.
Si de por sí esa bruma no les permitía ver un futuro claro, las dudas de muchos aumentaron cuando llegaron a las zonas veredales transitorias de normalización (ZVTN) en las que se desarmaron.
Allí comenzaron a ver que el Gobierno no cumplía los plazos establecidos para la reincorporación. Tan es así que el desarme concluyó y las ZVTN seguían sin contar con todas las instalaciones listas. Fue así que muchos comenzaron a marcharse y a unirse a las disidencias, descontentos con la incapacidad del Gobierno para atender sus demandas.