Kiev se encierra por el miedo a los saboteadores

La ciudad se sacude con un despliegue de baterías rusas a menos de 25 kilómetros Europa creará un fondo para ayudar a reconstruir Ucrania

Un miembro de la defensa ucraniana pasa ante las ruinas provocadas en Kiev por el disparo de un misil ruso a un centro comercial. SERGEY DOLZHENKO

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León

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Un toque de queda de 35 horas que vació sus ya semidesiertas calles volvió ayer a congelar Kiev. Soldados y voluntarios de las unidades de la Defensa Territorial, la milicia encargada de los puestos de control, eran los únicos que podían moverse. Fue el segundo en las últimas dos semanas, el tercero desde que el 24 de febrero Rusia lanzara su ataque.

Los ciudadanos respetan las órdenes con marcialidad y volvieron a quedarse en sus casas, cerca de los búnkeres, en una jornada marcada por el tono grave de las explosiones en el norte de la capital y las detonaciones puntuales que sacudieron barrios cercanos al centro como el de Obolon, donde un vecino perdió la vida.

Los medios locales informaron de una contraofensiva ucraniana para alejar a los rusos del frente norte. Esto explicaba el rugido constante del cielo en esa parte de la ciudad. Las fuentes aseguraron que las tropas enemigas situadas en Irpín, Bucha y Hostomel habrían quedado aisladas por el ataque, con las vías de suministro cortadas. El furor causado por este supuesto golpe a los rusos se calmó cuando se difundieron imágenes captadas por satélite en las que se podía ver toda una batería de artillería que Moscú ha desplegado en Irpín, un movimiento que puede ser clave para lanzar una guerra de desgaste contra Kiev.

La guerra, que al comienzo parecía podía ser relámpago, se estanca y Rusia apuesta por una estrategia de castigar ciudad por ciudad y desgastar la defensa rival. Mariúpol, al sur del país, es el punto estratégico que tienen en el primer lugar en su agenda, pero Kiev es la victoria simbólica que persigue Vladímir Putin, sobre todo porque supondría un golpe directo a la supervivencia del Gobierno de Volodímir Zelenski. El líder ucraniano pidió una vez más en público un encuentro directo con su homólogo ruso para intentar llegar a un acuerdo e incluso, por primera vez, se mostró abierto a debatir el futuro de Crimea, Donetsk y Lugansk. El Kremlin respondió a cañonazos.

Con Mariúpol cercada, Jersón conquistada y Odesa en el punto de mira, Kiev es el tesoro más codiciado. Quizá Putin soñó con una operación rápida al estilo de la de Estados Unidos con Bagdad en 2003, pero según informó la Inteligencia británica, los rusos se mantienen a veinticinco kilómetros de Kiev, una distancia desde la que pueden someter a la ciudad a un severo castigo de artillería como paso previo a la entrada calle por calle.

En declaraciones al ‘Financial Times’, un oficial de inteligencia de la Otan aseguró que «Kiev es el gran objetivo de las dos partes, un paso clave para acabar con el actual Gobierno para Rusia por lo que los ucranianos deben defender la capital cueste lo que cueste».

El presidente de la Kiev School of Economics, Tymofiy Mylovanov, recurrió a las redes sociales para mostrar su ira por el «análisis colonial de la situación por parte de expertos y académicos occidentales. Después de tres semanas de guerra ha quedado claro que la cuestión no es cuánto tiempo aguantará Kiev, la pregunta es cuántas tropas perderá Rusia antes de tener que renunciar al asalto de Kiev».

A la caza de colaboradores

Las tropas rusas no han logrado poner un pie en los barrios de Kiev, pero existe un fuerte temor a la llegada de agentes al servicio del Kremlin que se infiltren en la ciudad para cometer actos de sabotaje. Éste fue uno de los argumentos más repetidos por los analistas en los medios locales para explicar el motivo del tercer toque de queda en la capital desde el estallido de la guerra. Día a día crece el nerviosismo en los puestos de control más sensibles de Kiev, donde se revisa la documentación de todos los pasajeros a la caza de posibles colaboradores.

El toque de queda en un hotel donde todos los huéspedes son periodistas de varias generaciones, la mayoría con experiencia en varios conflictos, algunos veteranos de Grozni y los Balcanes, se convierte en una oportunidad para recordar batallas, comparar escenarios, hacer planes de salida por si las cosas se ponen mal y, sobre todo, formular preguntas a quienes más saben sobre qué pasará con esta guerra. No hay una respuesta porque la última palabra la tiene un líder impredecible como Putin.

Lo que nadie duda es que Kiev es la clave. Si cae Kiev, todo cambia.

LA REUNIÓN DE EUROPA

Los líderes europeos debatirán la creación de un fondo para ayudar a reconstruir Ucrania cuando acabe la guerra con Rusia. Así lo recoge el borrador de un documento que se discutirá en la cumbre que tendrá lugar en Bruselas este jueves y viernes y en la que también participará el presidente estadounidense, Joe Biden. Este fondo sería, según el mismo texto, de carácter «fiduciario»; es decir, que los pagos serán acordados entre las dos partes, la UE y Kiev.

El jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, se ha referido en los últimos días a la destrucción que están llevando a cabo las fuerzas de Vladímir Putin en Ucrania. «Quiere convertir el país en la Siria de Europa», dijo hace apenas una semana. Y sobre Mariupol, la ciudad portuaria que se resiste a caer en manos rusas, aseguró el lunes que lo que ocurre allí «es un masivo crimen de guerra».

Ante este panorama desolador «y teniendo en cuenta la destrucción y enormes pérdidas» provocadas por la agresión militar rusa, los líderes de los Veintisiete «se comprometen a prestar apoyo al gobierno ucraniano para sus necesidades inmediatas». Además, «una vez haya cesado el ataque ruso», Europa brindará su apoyo «para la reconstrucción de una Ucrania democrática», promete el documento.

El Consejo Europeo acordará, por tanto, «crear un fondo fiduciario de solidaridad» con el país, cuyos preparativos comenzarán «sin demora», señala el texto negociado por los gobiernos europeos. El borrador no ofrece, sin embargo, detalles sobre el tamaño de ese paquete de ayuda o de los mecanismos a través de los cuales se va a desplegar. Sí propone, en cambio, la organización de una conferencia internacional para recaudar fondos.

Algunos líderes europeos han llegado incluso a plantear que se utilicen los activos congelados por los aliados a oligarcas y empresas estatales rusas para la reconstrucción del país, además de los 300.000 millones de dólares en reservas incautados al Banco Central de Rusia.

El presidente del Consejo Europeo, el belga Charles Michel, mencionó el pasado viernes la posibilidad de crear un fondo de este tipo, durante una conversación telefónica con el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski. Su idea es que ese paquete económico sirva como «columna vertebral» de la reconstrucción de Ucrania cuando finalice la guerra.

En el mismo sentido se pronunció a principios de marzo el vicepresidente de la Comisión Europea, Maros Sefcovic, quien aseguró este martes que la UE estará al lado de Ucrania para «reconstruir» el país tras su victoria sobre la invasión rusa. «Abriremos nuestros brazos a Ucrania en nuestra casa común de paz, democracia y prosperidad, llamada Europa», añadió.

No concreta sanciones Mientras no haya un alto al fuego, la UE se ha comprometido a seguir apoyando a Kiev. A un primer fondo de apoyo de 500 millones de euros para la compra de armas letales y materiales de primeros auxilios, se le sumará pronto un segundo, de otros 500 millones, tal y como anunció ayer Josep Borrell, tras la reunión de los ministros de Exteriores.

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La cumbre de líderes de este jueves y viernes también debatirá un posible quinto paquete de sanciones a Rusia, en el que sobrevuela el veto a las importaciones de petróleo y gas ruso. La idea, sin embargo, no cuenta -ni mucho menos- con la unanimidad del bloque. Países como Alemania y Hungría se niegan a cualquier sanción energética a Moscú, debido a su alta dependencia de suministro. Se prevén dificultades.