La gran tragedia libia con 5.200 muertos y 10.000 desaparecidos sobrecoge al mundo
España ofrece su ayuda para rescatar a las víctimas pero el lodazal y la destrucción son tan grandes que no hay esperanza

Destrozos en la ciudad de Derna, la más afectada por las lluvias torrenciales en Libia. DEP. COM. GOB. DE LIBIA
Los vecinos de Derna, en la costa libia, saben lo que es convivir con el sufrimiento. Situada a orillas del Mediterráneo, a unos 900 kilómetros de la capital, Trípoli, la ciudad ha sido saqueada por mercenarios hace dos siglos, ocupada por nazis, asfixiada por el yihadismo —fue uno de sus bastiones tras la caída de Muamar Gadafi— y, en los últimos días, víctima de la rabia de la naturaleza. De una ira desatada.
La tormenta Daniel que el domingo y el lunes descargó lluvias de récord sobre el país norteafricano se cebó sobre esta urbe donde este martes ya se habían recuperado más de un millar de cadáveres. En todo el Estado se calcula que el mortífero temporal se ha cobrado al menos 5.200 vidas. Cerca de 10.000 personas se hallan en paradero desconocido y, en vista de la destrucción causada, con barrios enteros bajo el agua, la esperanza de encontrarlas a salvo son mínimas. Una «crisis devastadora», resumían ayer desde la Media Luna Roja en un desesperado «llamamiento a la comunidad internacional».
La tormenta que ha obligado a activar el estado de emergencia en el país, y el toque de queda en las localidades más golpeadas, es el mismo que hace una semana castigó a Grecia, Turquía y Bulgaria, con una treintena de fallecidos tras unas precipitaciones históricas. También en Libia cayó un auténtico diluvio.
La costa, a orillas del Mediterráneo se llevó la peor parte de un temporal que ayer por la tarde se había adentrado en el vecino Egipto. Las localidades portuarias de Bengasi, Susa y Al-Marj, en el este, y Misrata, al oeste, destacan entre las más afectadas aunque el desastre de Derna sobresale por encima de cualquiera. «No exagero cuando digo que el 25% de la ciudad ha desaparecido», aseguraba el ministro de Aviación Civil y miembro del Comité de Emergencia, Hishem Chkiouat.
El «tsunami», como él mismo describió lo ocurrido, arrancó unos diez kilómetros cuadrados de esta urbe, ubicada en un valle con un par de viejas presas levantadas montaña arriba. Ninguna de las dos pudo soportar las intensas precipitaciones y, en la madrugada del lunes, cuando la inmensa mayoría de sus 125.000 habitantes dormía, reventaron y liberaron más de 33 millones de metros cúbicos de líquido.
«Hay localidades enteras que han sido sobrepasadas por las inundaciones y la cifra de muertos sigue aumentando», advertía este martes Dax Bennet Roque, director de la ONG Consejo Noruego de los Refugiados, consciente de que esta tragedia «empeorará» el complicado escenario que soporta el país -donde se han declarado tres días de luto- con miles de personas desplazadas por los sucesivos conflictos.
«No tenemos nada para salvar a la gente, ni máquinas. Estamos pidiendo ayuda urgente», piden.
El acceso a los rincones devorados por el agua se complica por el estado en que han quedado las carreteras, que en muchos puntos, avisa el portavoz de Emergencias de Trípoli, están «arrasadas». En algunos casos se las ha comido directamente la corriente y en otros están llenas de piedras, barro... «Hemos pedido ayuda a todos los países que sabemos que necesitamos y que tienen experiencia en tareas de rescate», comunicó Musa al Koni, uno de los vicepresidentes del Consejo Presidencial libio. Los Gobiernos de España, Italia o Canadá están entre los primeros que han mostrado su «disponibilidad». La UE y Estados Unidos han confirmado asimismo su disposición a echar una mano. Libia implora: «Lo más rápido posible».