Azerbaiyán lanza una potente ofensiva contra Nagorno Karabaj
Las autoridades armenias cifran las muertes en 25 personas y hablan de 138 heridos

Imagen de un niño herido por los ataques de Azerbaiyan. MINISTERIO DE EXTERIORES DE ARMENIA
Aprovechando la actual debilidad de Armenia y que Rusia sigue enfrascada en su invasión a Ucrania, Azerbaiyán lanzó este martes una potente ofensiva «antiterrorista» para recuperar los flecos de Nagorno Karabaj que, tras la guerra de hace tres años y el acuerdo de alto el fuego posterior, quedaron bajo control armenio o en manos de las «fuerzas de paz» rusas. Se trata fundamentalmente de Stepanakert, la capital del disputado enclave, Jankendi para los azerbaiyanos, y de todo el territorio que queda más al norte.
Los armenios que viven en esa zona y que durante décadas han sido allí mayoría y lucharon por la independencia de Artsaj, nombre que ellos dan a Nagorno Karabaj, se opusieron con las armas a formar parte de Azerbaiyán, cuya reivindicación sobre ese territorio cuenta con el apoyo de la ONU y gran parte de la Comunidad Internacional. La parte del enclave que los armenios secesionistas controlan todavía está por todas partes rodeada por Azerbaiyán.
Las autoridades karabajíes cifraron en 25 los muertos en la «operación antiterrorista» iniciada el martes por Azerbaiyán contra Nagorno Karabaj, enclave habitado por armenios pero perteneciente a ese país del Cáucaso.
Entre los muertos en la que denominó «agresión a gran escala» hay dos civiles, informó Guegam Stepanián, Defensor del Pueblo de la autoproclamada república de Nagorno Karabaj, en su cuenta de la red social X (antiguo Twitter)
Stepanián asegura que la información procede directamente de la morgue de Stepanakert (Jankendi), capital karabají, objeto de intensos bombardeos durante la jornada del martes.
A esto hay que sumar 138 heridos, de ellos 29 civiles, repartidos entre los hospitales regionales de Stepanakert y Martakert.
Armenia denuncia «fuego intenso» azerbaiyano contra Stepanakert y otras localidades del entorno mientras unidades del Ejército azerbaiyano parecen disponerse a avanzar. El Ministerio de Defensa azerbaiyano anunció el desencadenamiento de «operaciones antiterroristas» con el objetivo de neutralizar «las posiciones de las fuerzas armadas armenias», prácticamente inexistentes en Nagorno Karabaj y muy mermadas las de los armenios locales. La cartera de Exteriores de Bakú, por su parte, advierte que la paz será posible solamente «con la retirada incondicional y total de las fuerzas armenias de la región azerbaiyana de Karabaj y la disolución de su Gobierno».
El desencadenante de la actual crisis, según Bakú, se debe a la muerte en la madrugada del martes de cuatro policías y dos civiles azerbaiyanos por la explosión de una mina presuntamente colocada por «saboteadores» armenios. De ahí que la ofensiva haya sido calificada de «antiterrorista» y en la misma se empleen misiles de alta precisión. Las redes sociales muestran las enormes explosiones causadas por los impactos de los cohetes.
Las autoridades armenias de Ereván han denunciado el ataque azerbaiyano como «una agresión a gran escala» que persigue llevar a cabo en Nagorno Karabaj una «limpieza étnica».
Rusia, que se erigió como garante del alto el fuego alcanzado en 2020 y tiene en la parte armenia del enclave desplegadas tropas, denunció que fue avisada por Bakú de la operación tan sólo «unos minutos antes». La portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, María Zajárova, ha llamado a «poner fin urgentemente al derramamiento de sangre y a regresar al acuerdo de paz», llamamiento que ha hecho también la Unión Europea.
El pasado mes de julio, el Ministerio de Exteriores azerbaiyano puntualizó que «la parte rusa no está garantizando la aplicación del acuerdo del alto el fuego en el marco de sus obligaciones (.) no está haciendo nada para impedir que los suministros militares de Armenia lleguen a las fuerzas separatistas armenias de Nagorno Karabaj».
Aquel acuerdo fue patrocinado por el presidente ruso, Vladímir Putin, y puso fin a seis semanas de guerra. Armenia tuvo que ceder territorios a Azerbaiyán y Moscú desplegó fuerzas de mantenimiento de la paz.