Irán rechaza el plan de paz de Trump y se prepara para la invasión terrestre de EE UU

Teherán responde con su propia propuesta, incluido el pago garantizado de daños y reparaciones. El «regalo» al presidente estadounidense fue la demostración de que los iraníes controlan el paso de Ormuz

Dos clérigos sostienen en Teherán fotos con la imagen del nuevo Líder Supremo.ABEDIN TAHERKENAREH

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Mikel Ayestaran |
Madrid

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Teherán considera las 15 exigencias del acuerdo propuesto por el presidente de EE UU, Donald Trump, «excesivas» y «desconectadas de la realidad del fracaso estadounidense en el campo de batalla». Fuentes oficiales citadas por el canal iraní Press TV contestaron así al documento que Washington envió a Irán a través de la mediación de Pakistán en el que exige, entre otras cosas, el final del programa nuclear y desmantelamiento de las instalaciones del programa atómico.

Los iraníes respondieron con sus propias condiciones y exigieron a Trump el cese total de «agresiones y asesinatos», la puesta en marcha de mecanismos concretos para evitar que la guerra se repita, el pago garantizado de daños y reparaciones, el fin de la guerra en todos los frentes y el reconocimiento de la soberanía iraní sobre el estrecho de Ormuz. La república islámica replicó al órdago de Trump con otro órdago y estas mismas fuentes insistieron en que «el final de la guerra ocurrirá cuando Irán decida que debe terminar, no cuando Trump lo imagine».

Teherán comunicó a todos los intermediarios que un alto el fuego depende de la aceptación de todas sus condiciones. El portavoz del mando militar conjunto, Ebrahim Zolfaqari, se dirigó a Trump y le dijo que «la gente como nosotros nunca puede llevarse bien con gente como ustedes. Como siempre hemos dicho. nadie como nosotros hará un acuerdo con ustedes. Ni ahora. Ni nunca».

No parece que haya «conversaciones intensas», como anunció el líder republicano, pero sí contactos indirectos. Según diplomáticos árabes citados por el periódico The Times of Israel, el «regalo» iraní del que habló el presidente el martes fue permitir el paso seguro de varios petroleros por el estrecho de Ormuz. Una forma de demostrarle que ellos tienen el poder de controlar el tráfico seguro.

Tras los engaños de junio y febrero, cuando Estados Unidos e Israel atacaron en pleno proceso negociador sobre el programa nuclear, la desconfianza es total en la república islámica. A pesar del ruido generado por las declaraciones de Trump sobre un posible acuerdo, los iraníes prestaron más atención a los hechos, que apuntan a la llegada en breve de miles de marines y a la amenaza del presidente estadounidense de ocupar la isla de Jark. Y si el cierre de Ormuz no es ya suficiente quebradero de cabeza para los mercados mundiales, una fuente militar citada por la agencia Tasnim indicó que «en caso de ataques contra nuestras islas, activaremos el estrecho de Bab el-Mandeb». Esto supondría la entrada en escena de los hutíes de Yemen y la amenaza al tráfico de barcos por el Mar Rojo en la principal ruta comercial entre Asia y Europa.

El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, la persona a la que los medios de Israel y Estados Unidos identificaron como interlocutor de la Casa Blanca, dijo que están «siguiendo de cerca todos los movimientos de Estados Unidos en la región, especialmente los despliegues de tropas».

El actual presidente del Parlamento iraní advirtió de que «lo que los generales han roto, los soldados no pueden arreglarlo; en cambio, caerán víctimas de las ilusiones de Netanyahu» en caso de lanzar operaciones terrestres.

Una vez conocida la respuesta de Irán, el exoficial de inteligencia militar israelí y experto en Irán, Danny Citrinowicz, opinó en su perfil de X que «esto deja a Trump con dos opciones reales: bien de facto rendirse a un alto el fuego sin un acuerdo, bien llegar a un acuerdo moldeado en torno a las exigencias de Irán, bien realizar una gran escalada, con graves consecuencias para el sistema global y la economía internacional».

El paso de Ormuz se queda vacío

El miedo ha paralizado el tráfico en el estrecho de Ormuz, una vía marítima por la que pasa el 20% de petróleo mundial y la quinta parte del gas, además de productos clave como los fertilizantes. Antes del inicio de la guerra desatada el 28 de febrero por Estados Unidos e Israel contra Irán, cruzaban esas aguas entre 100 y 120 cargueros al día. El 1 de marzo, durante la primera jornada del conflicto, esa cifra se desplomó a 29 barcos y desde entonces nunca ha superado la decena. Ha habido días en los que sólo ha surcado el estrecho una embarcación.

El Ejército iraní ha disparado contra 19 buques, pero desde hace una semana no hay ataques. Pese a esa aparente y frágil tregua, los petroleros no se aventuran a pasar. De hecho, los pocos que se atreven pertenecen, en general, a la llamada 'flota fantasma' vinculada a Rusia. No operan con seguros y son clandestinos. Están más acostumbrados a convivir con el riesgo que paraliza al resto de la flota.

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Ormuz, su bloqueo, es el as en la manga del régimen de los ayatolás. Mantener esa vía casi cerrada desestabiliza la economía global, algo que han comprobado los mercados con caídas generalizadas de los valores.