Los talibanes logran su respaldo internacional pese a cinco años de terror
Rusia, China, India y la UE abren negociaciones y soslayan la brutalidad del régimen afgano que condena al hambre a su población y niega derechos básicos a las mujeres
Talibanes celebran el quinto aniversario de la toma del poder, ayer, en Kabul.
Hace justo cinco años, miles de afganos huyeron con lo puesto de su país, que acababa de caer en manos de los talibanes. «Ahora o nunca», pensaron, sobre todo, las afganas. Escaparon de un país condenado a la oscuridad, a sufrir un régimen brutal que nada sabe de derechos humanos y que maltrata con saña a las mujeres desde que son niñas. La comunidad internacional hizo frente común contra esa barbarie para aislarla, pero esa oposición se resquebraja. La geopolítica se mueve por intereses. Y en este mundo cada vez más partido en frentes de guerra, todos buscan aliados. Rusia ya ha avalado al régimen de Kabul, que mantiene contactos diplomáticos con India, China, Catar, Irán, Japón, Turquía, Arabia Saudí... y la Unión Europea. La UE no reconoce al régimen talibán, pero negocia con ellos para devolver a sus migrantes. Aunque Afganistán es una cárcel, muchos están dispuestos a hablar con el carcelero.
Es un país con la economía arruinada. El 45% de la población necesita una ayuda humanitaria que no llega. Cerca de 3,5 millones de niños menores de cinco años sufren desnutrición aguda. El sistema de pensiones se ha abolido. Falta trabajo. El comercio exterior está hundido. El presupuesto total se ha reducido a la mitad. Para colmo, en enero de 2025 Donald Trump eliminó la financiación humanitaria de Estados Unidos en todo el mundo y eso dejó a Kabul sin la mitad de sus ayudas. El andamiaje del país se ha venido abajo. Un ejemplo: casi 450 centros de salud se han visto obligados a cerrar.
Las niñas tienen que dejar la escuela a los 12 años y las mujeres tienen prohibido hablar en público Todo eso afecta a la vida de los afganos. Para las afganas aún es peor, mucho peor. «Casé a mi hija para que ninguno de nosotros muriera de hambre», relata resignada Malika en ‘The Guardian’. Tiene 46 años, esposo y cuatro hijos menores. Malviven en un barrido marginal de Kabul. Tras otro invierno sin más comida que pan duro y agua hervida, ella y su marido tuvieron que tomar la decisión más dolorosa: casar a Maryam. Es el único recurso para muchas familias. Con esa dote pueden tirar hacia delante durante un tiempo. Desde que tras veinte años de guerra los talibanes tomaron el poder en 2021, las niñas tienen prohibido ir a la escuela a partir de los 12 años. Las mujeres están vetadas en la universidad y no pueden acceder a parques y gimnasios. Ya ni siquiera se les permite hablar en público. Y las normas del matrimonio avalan la violación. Zarifa Ghafari, que ejercía de alcaldesa antes de huir en 2021, refleja así el deterioro de la vida de sus compatriotas: «Las mujeres y niñas afganas han experimentado uno de los retrocesos más rápidos y sistemáticos de los derechos femeninos en la historia moderna». Afganistán se ha convertido en un «cementerio de derechos humanos», denunció en marzo la ONU.
Aun así y cinco años después de instaurar este sistema, los talibanes tienen cada vez más puertas abiertas en el concierto internacional. Moscú reconoció al Gobierno de Kabul en 2025 y este verano ha firmado un convenio de cooperación militar. El Kremlin, según varios analistas, busca aliados en la batalla global que mantiene contra Occidente. No es el único. China vigila el crecimiento islamista al otro lado de sus fronteras y ha recibido a funcionarios del Ejecutivo afgano para establecer un diálogo sobre intereses comunes, incluido el sector minero.
Entre los países que más se han acercado está India. Pretende tener a los talibanes de su lado y frente a su enemigo más íntimo, Pakistán. En junio, el enviado del Ejecutivo indio a la ONU planteó la necesidad de reconsiderar las sanciones a Kabul, incluidas la prohibición de viajes, la congelación de activos y los embargos de armas. Nueva Delhi ya había dado un paso en esa línea en 2025 al recibir, pese a las sanciones internacionales, al ministro de Exteriores afgano. La apertura de diálogo con los talibanes también es europea. La UE rechaza al régimen, pero negocia con sus responsables para impulsar las deportaciones de ciudadanos afganos y devolverles a su país. El pasado 23 de junio se produjo un encuentro en Bruselas entre un delegación de quince socios comunitarios y cinco cargos talibanes encabezados por el portavoz de Exteriores, Addul Qahar Balkhi. En paralelo, el Ejecutivo alemán también contactó con el régimen de Kabul para repatriar a afganos con delitos.