China abre la ‘Ruta de la Seda’ por el Ártico para esquivar Ormuz

Esta decisión podría dañar el Ártico.EFE/MARIO HOPPMAn/ALFRED WEGENER INSTITUTE

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J. Gómez Peña
Madrid

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Durante siglos, la Ruta de la Seda conectó China con los puertos del Mediterráneo para el mercado de tejidos, jade, porcelana... Era una red de caminos que atravesaba Asia Central.

El sábado por la noche partió desde el puerto chino de Ningbo el buque portacontenedores 'Dubai Tower' hacia el estrecho de Bering y las aguas heladas del norte de Rusia. Fue el bautizo de un nuevo servicio semanal de transporte marítimo por el Ártico.

Tiene previsto llegar a los muelles de Felixstowe, en el Reino Unido, el 7 de septiembre. Apenas una veintena de días de navegación, frente a los 40 que hubiera necesitado por la vía tradicional a través de Oriente Medio, ahora una zona en guerra.

Al trazado alternativo por el que ha optado esta naviera china se le llama ya 'La Ruta de la Seda de Hielo'. Pekín quiere sortear así los puntos críticos del Golfo Pérsico, aunque eso, según los ecologistas, ponga en peligro el medio ambiente de la zona.

El Ártico gana peso como alternativa viable a las rutas marítimas tradicionales a medida que el deshielo polar facilita el trayecto entre Asia y Europa.

La guerra que mantienen Estados Unidos e Irán ha bloqueado el estrecho de Ormuz. Y el temor a los ataques de los hutíes de Yemen ha convertido el mar Rojo en un cuello de botella. China y Rusia ven en el Ártico una salida y el cambio climático que derrite los hielos juega a su favor.

También Donald Trump ha puesto sus ojos económicos en esta región y por eso reclama el control de Groenlandia, territorio autónomo de Dinamarca, aliado en la OTAN.

En esa carrera, Sea Legend ha dado el paso. Esta naviera china especializada en el transporte de contenedores para los mercados turco y del norte de África, acaba de lanzar el primer servicio regular a través del Ártico. Tiene previsto hacer ocho viajes hasta diciembre.

Esta iniciativa surge tras un récord de 23 tránsitos por la Ruta Marítima del Norte el verano pasado. El hielo marino se derrite lo suficiente como para permitir varios meses el paso de los barcos sin necesidad de rompehielos.

Pero no es un ruta segura. Un cambio climatológico puede atrapar a los mercantes en un mar congelado. Aunque allí, al menos, no hay misiles ni drones.

El 23 de julio, los hutíes lanzaron ataques contra dos petroleros saudíes en el mar Rojo. Los precios del petróleo superaron de inmediato los 100 dólares por barril. Por eso, los países árabes diseñan oleoductos para sortear esos puntos de paso marítimos. Y China mira al norte, al Ártico, como una nueva 'ventana de oportunidad'.

Aumento del tráfico 

«Se ha producido un aumento significativo del tráfico a través de la Ruta del Norte», constata en el Financial Times Rahul Khanna, director global de consultoría de riesgos marítimos de la aseguradora Allianz. 

«Los buques y los armadores ahora lo ven como una oportunidad para ahorrar mucho tiempo y dinero, pero también para eliminar las zonas de conflicto», apunta. 

La Ruta Marítima del Norte está dividida en 28 secciones y funciona bajo directrices establecidas por la empresa estatal rusa Rosatom, que emite los permisos para navegar por la zona.

El camino lo abrió en 2018 la naviera danesa Maersk. Envió un barco portacontenedores a través de la ruta ártica entre Vladivostok y San Petersburgo. Salió bien. Pero abandonó el proyecto porque, al igual que otras compañías europeas, se comprometió a no utilizar esa vía por temor a dañar el delicado ecosistema ártico. 

El hielo marino de esta región se redujo un 5,8 % entre 2024 y 2025, el mayor retroceso registrado, según un estudio de la Universidad de Southampton. Este alarmante efecto del cambio climático permite mantener más tiempo abierta la ruta del norte. 

Y los intereses económicos tienen buen olfato para los negocios. Han aumentado los pedidos de buques capaces de navegar en hielo. En 2025 salieron de los astilleros 167, la cifra más alta en una década. 

Las navieras que opten por esta vía pondrán en la balanza los riesgos, en un platillo, y las posibilidades de beneficio, en el otro. Si los buques sufren una avería o un accidente, la capacidad de los servicios de rescate es limitada. Todo es más complicado en un entorno como el del Ártico. 

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Además, grupos defensores del medio ambiente advierten de que un incremento del tránsito en esa región puede acelerar el deshielo. Alertan del peligro de que se produzcan 'mareas negras' de petróleo que serían imposibles de neutralizar por las difíciles condiciones de ese hábitat.