Una crisis de gobierno se cierne sobre Sharon por usar la palabra «ocupación» en el conflicto palestino
La presión norteamericana ejercida sobre Ariel Sharon desde hace meses comienza a dar sus frutos. De momento, ya ha dado dos pasos históricos e inéditos. El primero el pasado domingo, al conseguir aprobar un plan de paz que prevé la creación de un Estado palestino independiente, y el segundo el lunes al referirse con el término «ocupación» a la presencia israelí en Gaza y Cisjordania. Hasta la fecha, esta palabra estaba prohibida expresamente por los sucesivos gobiernos israelíes para referirse a la presencia de su ejército en Gaza y Cisjordania, que preferían utilizar el eufemismo de «territorios disputados». Un Sharon enérgico y nada titubeante, que tiene que contener con mano de hierro las iras de los sectores más derechistas de su propio partido y de los ultrareligiosos de su coalición de gobierno, espetó a un miembro de su partido el Likud que «no podemos seguir controlando a 3,5 millones de palestinos bajo ocupación». De momento, dos de los partidos de su coalición gubernamental, el Partido Nacional Religioso y el ultranacionalista Frente de la Unidad Nacional, estudian su salida inmediata del gobierno, paso que podrían aprovechar los laboristas para entrar en él.