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León

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HACE falta sangre y mente muy frías para no tirar por la borda todo lo que se ha podido construir en estas seis semanas de tregua y situar el objetivo final de paz por encima de obstáculos previsibles y circunstanciales. Y mucha voluntad política y presión norteamericana. A no ser que dentro de la estrategia malvada de algún dirigente, tanto palestino como israelí, el objetivo fuera hacer descarrilar la iniciativa de paz del cuarteto, por mucha que fuera la presión que ejerciera Washington. No se pueden mencionar grandes logros de la Hoja de Ruta pero cada día que pasaba sin violencia se ganaba en posibilidades de poder ir avanzando. No ha podido crecer la confianza entre los dos vecinos. Unos porque no vieron satisfecho el número de presos puestos en libertad por parte de Israel y denunciaron la situación, a la vez que amenazaban con no quedarse parados ante la provocación de Sharon. Por su parte, los servicios secretos israelíes demuestran que si no se han producido atentados hasta ayer, ha sido por que los suicidas han sido neutralizados. Además, el Gobierno hebreo acusaba a Hamás, Yihad Islámica y Mártires de Al Aqsa de reorganizarse con el paraguas de la tregua. Israel mató hace unos días a cuatro palestinos, dos de ellos dirigentes de Hamás, y esta organización clamó venganza. Han cumplido sus amenazas con la muerte de dos israelíes y los dos terroristas suicidas palestinos. Ahora, hace falta alguien que rompa la posible espiral que siempre se ha seguido por la vía de la violencia: acción-reacción. Esa figura puede ser el norteamericano William Burns. Si no se evita la represalia israelí, los palestinos responderán después, y así sucesivamente. Volveremos al callejón sin salida. Hay varias cuestiones a tener en cuenta. La reivindicación conjunta de los atentados por parte de los radicales palestinos, incluida la facción que dirige Arafat. La actuación del primer ministro palestino, Abu Mazen, es complicada porque el desarme de estos radicales como exige Israel podría provocar un enfrentamiento civil entre los palestinos, mientras los asesinatos selectivos de las fuerzas especiales hebreas no ayudan en nada en este objetivo. Y lo más triste, la incursión de los dos terroristas da argumentos a los que defienden la construcción del «muro de la vergüenza».

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