¿Buenos días, nuevo Vietnam?
La posibilidad de que el Irak sea el nuevo Vietnam de los Estados Unidos es remota y no sólo porque la crisis es enteramente distinta en todo, sino porque no hay un gobierno en Washington, ni siquiera republicano, dispuesto a ir tan lejos, pagar un precio tan elevado y equivocarse tanto. Algunos indicios de vietnamización se han hecho presentes en los últimos días. Los tres más notables son: reticencias en el Capitolio a seguir, en nombre de un patriotismo acrítico, la política del Gobierno; vuelta de las manifestaciones populares de oposición; aumento del número de bajas entre los soldados. Ayer se visualizaba la inquietante presencia simultánea de los tres factores: el comité de inteligencia del legislativo (bipartidario) criticaba lo que tiene por graves errores de evaluación de la CIA y otras agencias sobre la situación en Irak antes de la guerra; marchas, aún pequeñas, de oposición, como la que reunió a tres mil personas en Los Ángeles con eslogans muy crudos («Gobierno criminal», por ejemplo) y dos soldados más muertos en el triángulo sunní. Que la alarma entre los estrategas de la reelección de Bush ha sonado es seguro y los medios norteamericanos lo dan por hecho. Hay un divorcio entre la retórica oficial de perseverar hasta «que el trabajo esté hecho» y la gestión, muy renovada, del conflicto, con la intención de evitar bajas a cualquier precio y moderar la hostilidad internacional. El secretario de Estado, Colin Powell, anunció finalmente que en un par de días estará disponible la segunda versión del proyecto de resolución destinado a internacionalizar la crisis y procurar hasta donde sea posible el envío de fuerzas militares de países amigos o aliados. Se puede intuir que los cambios no serán esta vez meramente cosméticos y el propio Powell lo sugería al decir que el texto es producto «de las consultas de las últimas semanas». En lo que pareció una contradicción evidente, el presidente Bush se declaró el sábado «contento» ( «pleased ») del nivel de cooperación internacional en Irak alcanzado hasta ahora por Washington... mientras autorizaba el envío de diez mil soldados norteamericanos más y alertaba a otros cinco mil. Más tropas al frente, más bajas y efervescencia interior con un embrión de fuerte disenso social, he ahí los ingredientes que hacen el cóctel explosivo que todo buen candidato a la presidencia de la superpotencia debe evitar.