El difícil papel de la CIA
Desde mediados de la década pasada, la CIA ha compaginado sus actividades de espionaje encubierto en Oriente Medio con la mediación entre árabes y palestinos. En un conflicto donde las partes cierran casi todas las puertas, no son muchos los canales de comunicación abiertos a los que acudir cuando la crisis se agudiza. La inteligencia norteamericana se ha convertido en uno de esos canales, quizás el más importante desde que comenzó la segunda Intifada. Su actividad oficial principal hoy en día es monitorear el cumplimiento que unos y otros hacen de la Hoja de Ruta, el plan de paz patrocinado por Estados Unidos y apoyado por Rusia, la Unión Europea y Naciones Unidas. En realidad llevan ayudando a que las dos partes se entiendan desde 1996, cuando comenzaron a participar en reuniones sobre asuntos de seguridad. En este sentido, supervisa la reforma de varios de los cuerpos policiales palestinos y sus esfuerzos por luchar contra los movimientos terroristas. Por el lado israelí vigila las operaciones del Ejército israelí en los territorios ocupados. El actual director de la agencia, George Tenet fue quien consiguió el alto el fuego de junio de 2001 que permitió establecer el plan de paz. A pesar de que muchos palestinos les acusan de ser pro-israelíes, se sabe que tienen oficinas abiertas en Gaza, Ramala, Nablús, Jericó y Hebrón. Sus contactos con las autoridades palestinas son fluidos y datan de los setenta, cuando la Agencia estableció un canal de comunicación con Yaser Arafat. También participó en el acuerdo que permitió la salida del Líbano a Túnez de los milicianos de la OLP en 1982. Su papel es, pués, vital en una zona en contínuo conflicto.