Diario de León

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Recuerdos desde España

Exiliados iraquíes analizan la situación en su país y el futuro tras la caída del régimen que los obligó a huir de Irak

Publicado por
Natalia Junquera - redacción
León

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«Mi padre pasaba la mayor parte del tiempo en la cárcel, mi abuela fue asesinada por un misil iraquí...». Contemplar por televisión, en riguroso directo y desde el sofá el bombardeo del edificio institucional de un país muy lejano, por ejemplo Irak, resulta una experiencia cada vez menos novedosa pero siempre impactante. A veces el que observa es alguien que, en el estruendo de las bombas es capaz de recordar el bullicio del día en que ese edificio estuvo repleto de gente. Sucede, algunas veces, que entre el ruido de los bombardeos y las declaraciones de un reportero que relata desde la terraza de un hotel lo que está ocurriendo, un hombre reconoce al país en que nació. Carlos Kurdi, cuyos recuerdos en voz alta empiezan este reportaje, nació en el Kurdistán iraquí hace 43 años. Kurdi no es su verdadero nombre, fue el que adoptó cuando se instaló en España para despistar a los servicios secretos de Sadam. Lo que vio -«Huseín ordenó matar a familias enteras, torturó y asesinó a su pueblo»-, le hace pensar que «se debería haber intervenido antes... Nadie sabe mejor que nosotros lo horrible que son las guerras. Para mí ha sido una liberación, para mi pueblo, también». No todos los iraquíes pien-san como Carlos. Najah Latis Saris reside en España desde hace 18 años. Está separado y es empresario, lleva una fábrica de inyección de plástico en Madrid. Se fue de su país por causas políticas. Pertenecía al Partido Comunista iraquí, por supuesto, clandestino, por supuesto, le perseguían. Tíos y primos suyos siguen en Irak y estaban allí cuando empezó la guerra. «Han sufrido muchísimo y todavía sufren», dice Najah. «Durante la guerra, por los bombardeos. Ahora temen los saqueos, los robos... y hacen turnos durante toda la noche para vigilar la casa». Como antes lo fuera Libertad Duradera o Justicia Infinita, el eslogan de los norteamericanos para publicitar una guerra con demasiados oponentes fue siempre: libertad para el pueblo iraquí. Pero Najah dice que «no hay ninguna guerra justificada. Tampoco la última de los norteamericanos. Estoy totalmente en contra de la dictadura y de todo lo que ha hecho Sadam Huseín, pero ha-bía otras vías para derrocar el muertos tras la toma de Bag-dad ya supera a los soldados caídos en la guerra. Huseín ya no gobierna, pero antes de esconderse hizo bien sus deberes. La resistencia iraquí intenta aguar la fiesta arrasando con todo lo que se le pone por delante. Son los mismos de siempre», afirma Samer. «La resistencia de hoy está formada por los que mataban ayer. Sadam les ordenó que de llegar a una situación como la actual tendrían que fomentar el caos como lo están haciendo». Y apunta Najah que ahora hay un odio profundo hacia los norteamericanos.

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