Protectores hasta que la muerte les separe

Al menos doce bomberos neoyorkinos han abandonado a sus familias y se han enamorado de las mujeres de sus compañeros muertos en los atentados del 11 - S

Los bomberos rescataron cadáveres entre los restos de las Torres Gemelas

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Bárbara Celis D'Amico - corresponsal | nueva york
León

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La vida privada de los bomberos neoyorquinos se ha convertido en carnaza de tabloide. Según publicaba el popular y tendencioso New York Post hace dos días, al menos 12 de ellos se han separado de sus esposas para comenzar relaciones con las viudas de sus compañeros muertos en los atentados del 11-S. «Estos hombres no sólo han deshonrado a sus familias sino la memoria de hombres que son héroes, que eran sus hermanos» aseguraba indignada en el citado diario Mary Koenig, la esposa de Gerry Koenig, a la que su marido abandonó hace unos meses para comenzar una relación con Madeleine, la viuda de su compañero John Bergin, fallecido durante los ataques terroristas. Desde hace más de cien años, existe una ley no escrita entre los bomberos por la cual cuando uno de ellos muere, uno de sus compañeros se convierte de alguna manera en la figura de apoyo de la familia de la víctima. Ese era el rol que le tocó a Gerry, que acabó enamorandose de la viuda de Bergin. Sin embargo, según los expertos, nadie debería sorprenderse ya que se trata de un efecto que ocurre con frecuencia después de una catástrofe. Cuando tras el 11-S la ciudad de Nueva York solicitó la ayuda de especialistas que habían lidiado con las consecuencias psicológicas de los atentados de Oklahoma, muchos de ellos advirtieron que uno de los posibles efectos de la catástrofe sería que los bomberos supervivientes iniciaran relaciones con las viudas de sus compañeros caídos. «Pero el Departamento de bomberos no hizo nada para evitarlo» clama ahora Mary Koenig. Según el relato de Mary Koening, cuando se dio cuenta de que su marido comenzaba a perder interés por su familia, habló con el capitán de su esposo para que interviniera. Después de hablar con Gerry Koenig y Madeleine Bergein, el capitán ordenó a Gerry que regresara junto a su familia. Pero éste le ignoró. «Se trata de mi vida privada. No es un asunto que tenga que ser discutido publicamente. Yo no he abandonado a mi famlia, simplemente he dejado a mi esposa» aseguraba Gerry.. Durante los últimos meses, Mary Koenig se ha lanzado a una campaña en solitario para conseguir que el departamento de bomberos de Nueva York cambie sus normas respecto a su política de asesoramiento ante catástrofes. Incluso ha elaborado, junto a su abogado, una ley que obligaría al Departamento de bomberos a mantener un control sobre la posición que asumen los bomberos respecto a las familias de sus compañeros muertos y a convertir en obligatorio el asesoramiento psicológico tras las catástrofes.

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