Diario de León

| Análisis | La situación de Aznar |

Empujado contra las cuerdas

La presidencia italiana cede ante los países pequeños pero se mantiene dura ante las exigencias que plantea España

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Domingos Sampedro - corresponsal | bruselas
León

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Cada declaración, cada gesto exhibido estos días por los principales líderes europeos está cuidado al detalle para cumplir el objetivo de aumentar la presión sobre el presidente del Gobierno español, José María Aznar, incitándolo así a respaldar un proyecto de Constitución que, tal y como está planteado, minará una parte del peso político que tiene España en el seno de la Unión Europea. La advertencia lanzada ayer desde París por los líderes francés, Jacques Chirac, y alemán, Gerhard Schröder, de que no aceptarán un acuerdo «a cualquier precio» sobre el texto constitucional se enmarca también en esta dinámica. Y si algún efecto está teniendo este continuo espueleo a Madrid es que Aznar se ha convertido ya en el verdadero protagonista de la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno que tendrá lugar el próximo fin de semana en Bruselas, en lo que será el intento definitivo por pactar la nueva Carta Magna. La presidencia italiana de la UE también entró ayer de lleno en la calculada liturgia de gestos de poner a España contra las cuerdas al hacer pública una nueva propuesta de compromiso en torno a la Constitución -la segunda de los últimos quince días- en la que curiosamente se da respuesta a la principal reserva que tenían los pequeños países, pero no ofrece alternativas a la cuestión que sigue preocupando al Gobierno español: el peso que debe tener cada país en el seno del Consejo. El ministro italiano de Asuntos Exteriores, Franco Frattini, explicó ayer que en la nueva propuesta de compromiso remitida a las capitales de la Europa de los Veinticinco apuesta por crear una Comisión Europea de 25 miembros, alejándose así del consenso al que llegó la Convención de Giscard d'Estaing, que hablaba de un Ejecutivo comunitario mucho más corto, de solo quince comisarios. La nueva fórmula es en realidad una concesión a un grupo de catorce países, todos ellos de pequeño tamaño o candidatos a ingresar en la UE, que exigían a toda costa conservar el estatus actual de «un país, un comisario». En cualquier caso, la Comisión de 25 sólo se mantendría hasta el año 2014, fecha a partir de la cual se acortaría su tamaño para lograr un colegio de comisarios más ágil y eficaz en la toma de decisiones. Pero al ceder ante los pequeños para atraerlos al flanco de los del «sí» a la Constitución que está sobre la mesa, la presidencia italiana hizo su jugada maestra, pues dejo al Gobierno español -y al polaco- todavía más aislada en el grupo de los del «no», aunque bien es cierto de que a Madrid siempre le quedará el recurso al veto, posibilidad sobre la que Aznar siempre ha eludido pronunciarse abiertamente.

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