De niño infeliz a adulto sanguinario

Su padrastro golpeaba al niño Sadam con una vara y le gritaba: «¡Levántate hijo de puta y ve a cuidar a las ovejas!»

Típico gesto del dictador en sus apariciones públicas

Publicado por
Enrique Clemente - redacción
León

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Por encima de todo, hasta ahora Sadam Huseín había demostrado ser un maestro de la supervivencia. Lo demuestra que detentara durante casi 24 años el poder absoluto en Irak a pesar de haber cometido dos colosales errores de cálculo: comenzar una terrorífica guerra contra el Irán de Jomeini (1980-88), que causó un millón de muertos, e invadir Kuwait (1990), lo que le convirtió ya para siempre en un paria internacional. Pero cuando todo parecía perdido, siempre salía de nuevo a flote. Fue invadido por medio millón de soldados pertenecientes a una impresionante coalición internacional durante la primera Guerra del Golfo (1991); aplastó a sangre y fuego el posterior levantamien-to popular de chiitas y kurdos que llegó a controlar 15 de las 18 provincias iraquíes; se libró de siete intentos de asesinato; burló a los inspectores de la ONU que pretendían destruir su supuesto arsenal de destrucción masiva; abortó los intentos de golpe de Estado patrocinados por la CIA; y aguantó el embargo, cuyo terrible coste hizo pagar a su pueblo. Pero el 11-S Bin Laden se cruzó en su camino. Los «halcones» de Washington, encabezados por Rumsfeld, decidieron entonces que su eterno enemigo iraquí debía pagar la masacre. Derrotar a Sadam era mucho más fácil que acabar con Al Qaida y su jefe. Se tenía por un héroe mezcla de Saladino, el liberador de Jerusalén, y del legendario rey babilonio Nabucodonosor, el que se creía un elegido de Dios que conduciría al pueblo árabe a la gloria. Cualquier psicoanalista vería en su infancia dura y brutal el germen de su personalidad destructiva y extremadamente violenta. Huérfano de padre nada más nacer, su madre Subha, una mujer enérgica y dominante, se casó con Ibrahim Hasan, el Mentiroso . Su padrastro pegaba a Sadam con una vara mientras le gritaba: «¡No quiero a este hijo de perra!» o «¡levántate hijo de puta y ve a cuidar a las ovejas!». El propio Sadam confesó a su biógrafo oficial Amir Iskandar que nunca fue niño, que era un pequeño melancólico que eludía la compañía, introspectivo y solitario, del que se burlaban los demás. Su vida cambió cuando se fue a vivir con su tío Jairallah Tolfah, que mandó a la escuela a un Sadam que era analfabeto con 10 años. Pero no fue su educación ni su inteligencia las que le valieron su meteórica ascensión, sino su violencia y su astucia. Según su biógrafo Saïd K. Aburish (Sadam Huseín. La política de la venganza, Andrés Bello, 2001), Sadam ha asesinado a varias personas con sus propias manos. Cruel e implacable que no tenía escrúpulos en asesinar para lograr sus objetivos. un tiro en la cabeza. Un millón de muertos Entre los que mandó a morir a la guerra con Irán, los que perdieron la avida en la Guerra del Golfo provocada por su invasión a Kuwait, y las víctimas de la represión, muchas de las cuales estaban enterradas en fosas comunes descubiertas tras la caída del régimen, suman más de un millón de muertos.

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