De niño infeliz a adulto sanguinario
Su padrastro golpeaba al niño Sadam con una vara y le gritaba: «¡Levántate hijo de puta y ve a cuidar a las ovejas!»

Típico gesto del dictador en sus apariciones públicas
Por encima de todo, hasta ahora Sadam Huseín había demostrado ser un maestro de la supervivencia. Lo demuestra que detentara durante casi 24 años el poder absoluto en Irak a pesar de haber cometido dos colosales errores de cálculo: comenzar una terrorífica guerra contra el Irán de Jomeini (1980-88), que causó un millón de muertos, e invadir Kuwait (1990), lo que le convirtió ya para siempre en un paria internacional. Pero cuando todo parecía perdido, siempre salía de nuevo a flote. Fue invadido por medio millón de soldados pertenecientes a una impresionante coalición internacional durante la primera Guerra del Golfo (1991); aplastó a sangre y fuego el posterior levantamien-to popular de chiitas y kurdos que llegó a controlar 15 de las 18 provincias iraquíes; se libró de siete intentos de asesinato; burló a los inspectores de la ONU que pretendían destruir su supuesto arsenal de destrucción masiva; abortó los intentos de golpe de Estado patrocinados por la CIA; y aguantó el embargo, cuyo terrible coste hizo pagar a su pueblo. Pero el 11-S Bin Laden se cruzó en su camino. Los «halcones» de Washington, encabezados por Rumsfeld, decidieron entonces que su eterno enemigo iraquí debía pagar la masacre. Derrotar a Sadam era mucho más fácil que acabar con Al Qaida y su jefe. Se tenía por un héroe mezcla de Saladino, el liberador de Jerusalén, y del legendario rey babilonio Nabucodonosor, el que se creía un elegido de Dios que conduciría al pueblo árabe a la gloria. Cualquier psicoanalista vería en su infancia dura y brutal el germen de su personalidad destructiva y extremadamente violenta. Huérfano de padre nada más nacer, su madre Subha, una mujer enérgica y dominante, se casó con Ibrahim Hasan, el Mentiroso . Su padrastro pegaba a Sadam con una vara mientras le gritaba: «¡No quiero a este hijo de perra!» o «¡levántate hijo de puta y ve a cuidar a las ovejas!». El propio Sadam confesó a su biógrafo oficial Amir Iskandar que nunca fue niño, que era un pequeño melancólico que eludía la compañía, introspectivo y solitario, del que se burlaban los demás. Su vida cambió cuando se fue a vivir con su tío Jairallah Tolfah, que mandó a la escuela a un Sadam que era analfabeto con 10 años. Pero no fue su educación ni su inteligencia las que le valieron su meteórica ascensión, sino su violencia y su astucia. Según su biógrafo Saïd K. Aburish (Sadam Huseín. La política de la venganza, Andrés Bello, 2001), Sadam ha asesinado a varias personas con sus propias manos. Cruel e implacable que no tenía escrúpulos en asesinar para lograr sus objetivos. un tiro en la cabeza. Un millón de muertos Entre los que mandó a morir a la guerra con Irán, los que perdieron la avida en la Guerra del Golfo provocada por su invasión a Kuwait, y las víctimas de la represión, muchas de las cuales estaban enterradas en fosas comunes descubiertas tras la caída del régimen, suman más de un millón de muertos.