| Crónica | Nuevo sistema de seguridad |
Aeropuertos biométricos
EE. UU. comienza a tomar las fotografías y huellas dactilares de todos los visitantes que requieran visado de entrada. Los españoles con visado también tendrán que «fichar»
«¿Qué pasa hoy aquí? Vengo todos los días y nunca he visto tanto follón. ¡Pero si hay más periodistas que pasajeros!». El sorprendido taxista que busca a un cliente coreano en el aeropuerto JFK de Nueva York aún no sabe que acaba de entrar en vigor el nuevo sistema migratorio por el que Estados Unidos requiere a los visitantes dejar su foto y huellas dactilares en la entrada. «Es otro de los inventos del Tom Ridge (secretario de Seguridad Doméstica) para joder a los que vienen de fuera», le explica otro taxista. El sofisticadísimo sistema biométrico ha costado ya 318 millones de dólares, y aún falta el equipo que registrará las salidas de viajeros. «Desde hoy tenemos en marcha la tecnología con la que podremos asegurarnos de que nuestras fronteras están abiertas pero seguras», anunció este lunes el Comisionado de Operaciones de Campo James Ahern al estrenar el sistema en Nueva York. El proceso El invento consiste en una maquinita del tamaño de un interruptor de la luz que descansa sobre el mostrador de cada agente de inmigración. Cuando el agente Jim Egan pasa la banda magnética del visado estampado en el pasaporte, la pantalla del ordenador retrae los datos archivados por el consulado que ha expedido el visado y da luz verde para que comience el proceso. Una luz roja se ilumina en la máquina. Silvia Duvon, una estudiante beliceña, pone cuidadosamente su índice izquierdo sobre la luz roja y luego el derecho, exclusivamente en este orden. Es entonces cuando el agente le toma una foto con una pequeña cámara del tamaño de una cámara web y el ordenador procesa toda la información. Por mucho que Silvia se hubiera cambiado el peinado, la máquina biométrica habría detectado que se trata de la misma persona, tras un riguroso análisis de sus rasgos físicos que dura apenas cinco segundos. «No me parece mal, todo el proceso ha durado un par de minutos y entiendo que es por nuestra seguridad», reconoce la chica. La mayor parte de los pasajeros cuestionados por esta corresponsal resultaron igual de comprensivos. El proceso sólo excluye de momento a los ciudadanos de 28 países, la mayoría europeos, que no necesiten visado para entrar como turistas, pero todo es poco para los estadounidenses. «Deberían tomarle las huellas dactilares a todo el que entre, no sólo a los que necesiten visado», protesta Joe Pepson. «Ahora los terroristas saben que pueden venir por Europa sin que les miren nada». Preguntado sobre qué le parecería que se le aplicara la técnica a los estadounidenses en otros países, Joe se encoge de hombros. «A nosotros no nos piden visado en ninguna parte», ataja. «Ya, ¿pero y si se lo pidieran?», insisto. «Pero como eso no pasa, no hay nada de lo que hablar», zanja de nuevo. En realidad sí pasa. Como revancha, Brasil ha empezado a tomar las huellas dactilares de todos los estadounidenses que llegan al país, entre airadas protestas de los visitantes. A los españoles no debería afectarle la medida, pero dos periodistas españolas que regresaron esta semana de vacaciones tuvieron que pasar por ello, ya que no son turistas sino corresponsales con visado. Lo que la máquina biométrica coteja es la información que recibe en el aeropuerto contra la que se archivó el consulado al expedir el visado. Es por ello que las autoridades no tienen nada que comparar si el viajero no ha pedido un visado, al menos en esta fase. Los 28 países excluídos tendrán que cambiar su pasaporte para incluir en ellos la información biométrica que permita comparar los datos.