Túnez se sorprende de las tentativas de algunas partes de ocultar las razones del aplazamiento

La Liga Árabe dice que suspender su cumbre puede ser «muy grave»

Las divergencias en materias como el terrorismo son la causa de la decisión tunecina

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Eugenio García Gascón - jerusalén
León

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La cumbre de jefes de Estado de la Liga Árabe que debía comenzar hoy fue cancelada en el último momento por el presidente de Túnez, Zin al Abdin Ben Ali, debido a las «divergencias insalvables» que surgieron entre los distintos países acerca de las reformas políticas que deberían acometer los 22 miembros. La explicación que ofreció Ben Ali fue que algunos líderes habían declinado la invitación y no pensaban acudir. La decisión carece de precedentes en toda la historia de la Liga Árabe. La reacción de su secretario general Amr Moussa, no pudo ser más explícita: «La decisión de aplazar la cumbre tendrá consecuencias peligrosas sobre la acción árabe común». Descontento El descontento de la mayoría de los invitados -alguno de los cuales, como el presidente sirio Bashar al-Asad, ya habían iniciado el viaje a Túnez- fue tan grande que Egipto saltó a la palestra y se ofreció para servir de sede a la cumbre. Los dirigentes egipcios manifestaron su «sorpresa y pena» por la cancelación, «máxime cuando los contactos iban progresando satisfactoriamente». «Egipto se ofrece a servir de sede para la cumbre tan pronto como se fije una fecha», se dijo en un comunicado oficial. Incluso países como Jordania se manifestaron en contra de la decisión del presidente Ben Ali, y la calificaron de «injustificada». «En cualquier cumbre hay diferentes puntos de vista pero eso no significa que no se pudiera negociar un comunicado final conjunto», declaró el ministro jordano de Exteriores, Marwan al Muasher. En Túnez se afirmó que el presidente Ben Ali pretendía que la cumbre respaldara explícitamente la democratización del mundo árabe y rechazara «el fanatismo, el extremismo la violencia y el terrorismo». Pero otros delegados consideran que Ben Ali simplemente quería agradar a Estados Unidos después de la difícil visita que efectuó e Washington en febrero, en la que el presidente Bush le instó a que diera libertad a la prensa e iniciara un «proceso político abierto». La rigidez de Ben Ali llegó a tal punto que cuando ayer una delegación de ministros árabes le pidió una audiencia para que les explicara su posición, Ben Ali se negó a recibirlos. Y cuando los ministros insistieron, Ben Ali les dijo que estaba «enfermo».

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