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Berlusconi se apunta el tanto del rescate de los rehenes italianos

Ángelo Sfefio recibe a su hijo entregándole una bandera

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Antonella Cinellii - roma
León

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Los tres rehenes italianos liberados en Irak, Mauricio Agliana, Salvatore Stefio y Umberto Cupertino, llegaron ayer a Roma, en medio de la polémica acerca de la posible instrumentalización de su caso por el Gobierno de Silvio Berlusconi de cara a las elecciones europeas. Angelo Stefio, el padre de Salvatore, se arrodilló sobre la pista del aeropuerto antes de abrazar a su hijo y entregarle una gran bandera italiana que había mantenido colgada del balcón de su casa desde el inicio del secuestro. «Nos han devuelto la vida», dijo Francesa Bonerba, la prometida de Cupertino, que no pudo reprimir las lágrimas. «Está un poco más delgado pero eso es normal después de 57 días en cautividad», dijo su hermano Francesco. Muy oportuno «Estamos en casa, estamos en casa», gritó Mauricio Agliana, cuya hermana Antonella corrió por la pista para abrazarle. Los tres han tenido mejor suerte que Fabrizio Quattrocchi, ejecutado por sus captores el 13 de abril. Los tres rehenes desconocían que su compatriota había sido ejecutado y sólo lo han sabido después de su liberación. La liberación provocó alivio y alegría en todo el espectro político, pero algunos miembros de la oposición también destacaron que se produjo en un momento conveniente para el Gobierno, ya que podría templar las opiniones contrarias a la presencia de las tropas italianas en Irak. Berlusconi señaló que la puesta en libertad de los rehenes era una prueba de que su política en Irak estaban funcionando, después de negar que se hubiera llegado al gún tipo de acuerdo con los secuestradores. Añadiendo más leña al fuego el ministro de Interior, Giuseppe Pisanu, aseguró a La Repubblica que los captores iban a asesinar-los antes de las elecciones «para desestabilizar el país y disuadirnos de permanecer en Irak».

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