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Optimismo hasta la muerte

Sólo 200 metros separan las posiciones de los milicianos de las del ejército de EE.UU.

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Sammy Ketz - corresponsal | nayaf
León

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Los milicianos chiíes leales a Moqtada al Sáder, agotados pero confiados, seguían creyendo creyendo que son invencibles pese al diluvio de fuego al que fueron sometidos por la artillería estadounidense durante la noche del jueves. «Nunca habíamos sufrido un bombardeo tan fuerte, un cente-nar de obuses cayeron al lado del cementerio (al norte) y de la plaza Midane (al este), pero los estadounidenses no lograron avanzar», afirma Abu Mustafa, un combatiente de 23 años, recostado al muro que conduce a la necrópolis. La calzada está agujereada en varios lugares en la Plaza Midane, que ofrece un triste aspecto de teatro de guerra, pero los combatientes parecen más bien serenos. «Golpean con sus aviones, pero no se atreven a acercarse con sus tanques y sus hombres. Son unos cobardes y nosotros unos creyen-tes. Somos más fuertes que ellos», dice Alí, de 17 años. Sentado detrás de un muro en un minúsculo terreno baldío junto a otros combatientes, Bahar Hussein, de 35 años, exhibe su pistola para mostrar que siempre está listo a combatir, pese a que fue herido el jueves por fragmentos de obuses en la calle Al Madina, que marca la línea del frente. «Estamos aguantando y no lograrán vencernos», dice el combatiente, aprobado por sus compañeros. El optimismo entre los milicianos es notable a pesar de los ataques. Sin embargo la espera del asalto final sobre la mezquita, tantas veces anunciado por el Gobierno iraquí y aplazado sin cesar, pesa sobre los hombres armados y so-bre «los escudos humanos» que han llegado, sin armas, desde di-ferentes provincias para defender el mausoleo y que se encuentran ahí desocupados, sentados sobre esteras. Que siga la Yihad «Moqtada al Sadr dio la orden de continuar la yihad (guerra santa) y no nos inclinaremos ante las exigencias del Pentágono», afirma el portavoz del jefe radical chiíta, Ahmed al Chaibani. El médico del mausoleo de Alí declara que los bombardeos de la noche pasada no causaron víctimas. Este médico no quiere dar su nombre pero opera sin parar desde hace dos semanas para intentar frenar la sangria.

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