Los problemas del censo y el temor a represalias por parte de Israel provocan una fuerte abstención en Jerusalén
Los palestinos le otorgan su confianza a Abú Mazén para negociar con Israel
Los primeros datos le dan la victoria al candidato de Al-Fatah por el 66% de votos
Las elecciones presidenciales palestinas se desarrollaron ayer en un clima de normalidad en todos los territorios ocupados con excepción del sector ocupado de Jerusalén, donde reinó el caos debido en gran parte a que los nombres de los electores que acudían a votar no figuraban en las listas del censo que tenían los funcionarios. Al cerrar las urnas un centro de investigaciones palestino informó que según una encuesta a pie de urna el candidato oficial de Fatah, Mahmud Abbas (Abú Mazén), habría obtenido el refrendo de una gran mayoría de votantes con el 66% de las papeletas frente al 19,7% del candidato independiente Mustafá Barguti. En cuanto al caos de Jerusalén hay que atribuirlo, al menos en parte, a la Comisión Electoral Central palestina, que fue la que redactó las listas y las distribuyó por las seis oficinas de correos que los israelíes habilitaron en la ciudad santa. La CEC inició el registro de los votantes hace varias semanas pero sus empleados fueron detenidos por la policía israelí, que sólo les permitió retomar la tarea el 29 de diciembre. Los empleados elaboraron las listas a contrarreloj y las repartieron a las seis oficinas sin comprobar si los nombres inscritos se correspondían con los habitantes de cada barrio. El resultado fue el caos. Jimmy Carter A media tarde el jefe de los observadores de Estados Unidos, Jimmy Carter, habló de este problema con las autoridades palestinas e israelíes y se acordó permitir a partir de esa hora que cualquier persona inscrita en las listas pudiera votar libremente en cualquier oficina de correos. Israel sólo permitió que se inscribieran 5.637 palestinos de los 124.000 adultos que viven en Jerusalén. El resto tuvieron que atravesar controles militares y cruzar el muro para poder votar fuera de Jerusalén. La mayoría optó por no buscarse problemas y se abstuvo, en parte también a causa del miedo a las represalias israelíes. La afluencia de votantes fue creciendo conforme avanzaba el día. Por la mañana, la participación fue menor, lo que suscitó preocupación en el cuartel general de Abú Mazén, que temía que su rival, Mustafá Barguti, se beneficiara de un alto índice de abstención. A media tarde la CEC decidió echar una mano a Abú Mazén y anunció que los colegios electorales permanecerían abiertos durante dos horas más, es decir hasta las nueve de la noche (las ocho en la península). Justificó esta decisión argumentando que los controles militares estaban dificultando el desplazamiento de numerosos votantes. Preocupación La preocupación de Abú Mazén, de 69 años, era mayor ya que por los territorios ocupados circularon durante todo el día rumores en el sentido de que Hamás había dado instrucciones a sus simpatizantes y militantes para que votaran a Barguti con el fin de que la victoria de Abú Mazén no fuera tan apabullante, unos rumores que no pudieron confirmarse. Los analistas políticos indicaron que para poder llevar a cabo sus planes Abú Mazén necesita una amplia victoria que esté cimentada en por lo menos el 60% de los votantes. En caso contrario encontrará dificultades para conducir unas negociaciones de paz con Israel en las que se tienen que abordar cuestiones tan difíciles como el futuro de Jerusalén o el asunto de los refugiados. Abú Mazén acudió por la mañana al colegio electoral de la Muqata, en Ramala, acompañado de su familia. La Muqata se ha convertido en un símbolo después de que Yaser Arafat permaneciera sitiado allí durante tres años hasta poco antes su muerte el pasado 11 de noviembre. «Estoy feliz por poder ejercer mi derecho de voto. Las elecciones marchan bien y eso es una buena indicación de que los palestinos se dirigen hacia la democracia. Es cierto que hay dificultades pero nuestro pueblo va a superarlas», comentó después de depositar su papeleta Incidente El incidente más grave se produjo cuando cinco hombres armados entraron en un colegio electoral de Ramala para protestar porque en las listas no figuraban los nombres de algunos de sus familiares. La ley electoral preveía que sólo pudieran votar los ciudadanos que se habían registrado previamente en el censo, y que fueron 1,3 millones, pero al final el CEC dio permiso para que pudiera votar cualquier persona mayor de edad, es decir 1,8 millones de palestinos.