Diario de León
Publicado por
JAVIER FERNÁNDEZ ARRIBAS
León

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ISRAEL siempre ha esgrimido como argumento de defensa para justificar su política frente a los palestinos y a los 900 millones de árabes que le rodean, que era la única democracia de la zona. Después del establecimiento de la Autoridad Nacional Palestina en 1994, Yaser Arafat ganó las elecciones parlamentarias de abril de 1996. No hubo más. La justificación oficial palestina era que con la ocupación israelí no se podía realizar una campaña electoral limpia en todos los territorios y la movilidad de los candidatos y votantes no se podía garantizar. Y el propio Arafat acusaba a Israel de no tener interés en una Palestina democrática. Su muerte ha propiciado que todos los obstáculos casi se superaran o se admitiera la imperiosa necesidad de celebrar las elecciones a pesar de las dificultades y de las irregularidades. Estos comicios desmontan argumentos de uno y otro lado y desvelan los verdaderos intereses y voluntades. La previsible victoria de Mahmud Abbas, alias Abú Mazén, significa continuidad para el difícil equilibrio interno entre las diferentes facciones de la OLP. Para los radicales de Hamas, que intentaron boicotear los comicios con un resultado nada desdeñable pero que no resta legitimidad a Mazén, es una derrota en sus tesis violentas. Si bien Hamás ha conseguido el respaldo popular por sus acciones sociales de ayuda a la población más que por su terrorismo suicida, no cesará en sus ataques a Israel con lo que intentará abortar cualquier proceso de paz que pueda reanudarse, porque su objetivo es alcanzar el poder en Palestina con una gran influencia islamista. Abú Mazén puede que no tenga carisma como decimos los periodistas pero es un negociador convencido, y contrario al uso de la violencia. Hay millones de palestinos hartos de tanta miseria y de una confrontación con Israel que sólo ha conducido a una vida desoladora. Los cuatro meses Mazen como primer ministro en 2003 fue torpedeado por los asesinatos selectivos de dirigentes palestinos radicales ordenados por Ariel Sharon. Ahora, también el primer ministro israelí tiene una gran obligación con la paz porque su coartada ya no existe. Enfrente tendrá a otro líder pero los problemas como la continuidad de los territorios, los refugiados, Jerusalem, el agua, etc... son los mismos que antes y tendrá que darles una solución satisfactoria con la seguridad garantizada.

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