El Ejército protagoniza los actos de la investidura del presidente en «tiempos de guerra»

Bush jura su cargo con el nivel de apoyo más bajo desde Nixon

Washington sufre el mayor despliegue de seguridad de la historia de la capital Report

Figurantes de los Bush ensayan el juramento en medio de una intensa nevada en el Capitolio

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Óscar Santamaría - corresponsal | washington
León

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La imagen se repetirá por segunda vez. Con el juramento solemne en las escalinatas del Capitolio, que durará apenas un minuto, George W. Bush será investido hoy como 43 presidente de Estados Unidos. En los cuatro próximos años impulsará una ambiciosa agenda, aunque de momento tiene a la mitad del país enfrente. Este será uno de los principales retos de su nuevo mandato: unir a un país dividido como nunca antes. Al menos, así lo prometió cuando ganó las elecciones del pasado 2 de noviembre. Y es que, según cuatro sondeos realizados por diferentes medios esta semana, su nivel de aprobación oscila entre el 50 y el 53 por ciento, el más bajo desde Richard Nixon, quien dimitió antes de acabar su segundo mandato. Según una encuesta de Los Angeles Times , el apoyo a la guerra en Irak ha alcanzado un nuevo mínimo entre los estadounidenses, ya que sólo el 39% dice ahora que «valió la pena». Consciente del desgaste de la opinión pública sobre «el Vietnam de Bush», como lo denominó el senador Edward Kennedy hace unos días, el mandatario dedicará gran parte de los 17 minutos de su discurso para refrendar su política en Irak y elogiar a los 165.000 soldados estadounidenses desplegados en zonas de conflicto. No en vano, el Ejército es el tema central de los actos de celebración de esta investidura en «tiempos de guerra». En uno de las decenas de eventos programados para «honrarlo», que incluyen bailes para recaudar fondos y desfiles militares, Bush recordó el martes a los caídos en combate. «Los tenemos en nuestro corazón», dijo cuando el número de muertos en Irak supera ya los 1.300 y son más de 10.000 los heridos. Bindados y sitiados «No queremos dejar al azar. Estamos preparados para todo». El jefe de los Servicios Secretos, Ralph Basham, justificó de esta manera el despliegue de seguridad sin precedentes que, desde días atrás pero especialmemte hoy, hará de Washington la ciudad más vigilada del mundo. Para ello, y con un presupuesto de más de 17 millones de dólares, 13.000 policías y militares han sellado sus calles, edificios y alcantarillas, registrado hoteles y oficinas, y patrullado el río Potomac. El espacio aéreo es sobrevolado por cazas F-15 y F-16 y helicópteros de combate Black Hawk y se han instalado misiles antiaéreos en puntos estratégicos. Más de cien bloques del centro de la capital serán cerrados al tráfico con vallas y pesados camiones, y los más de 500.000 visitantes que acudirán a los actos centrales deberán atravesar rígi-dos controles de seguridad capaces de detectar armas biológicas o químicas. Las pancartas no estarán permitidas, ni tampoco los carros de bebés, que podrían servir para esconder explosivos. Al otro lado de las vallas, estarán grupos pacifistas, anarquistas, feministas y religiosos, que esperan concentrar a miles de personas para protestar contra lo que denominan la «coronación» de George W. Bush. El momento más delicado será cuando Bush y su esposa Laura recorran los tres kilómetros que separan la Casa Blanca del Congreso. En medio de estos prepa-rativos, un hombre puso en estado de emergencia a las autoridades cuando amenazó con hacer detonar un camión con explosivos a una manzana de la Casa Blanca. «Las agencias deben entrar en la inteligencia humana, en su mente (..), leer su correo, escuchar sus charlas telefónicas» GEORGE W. BUSH

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