Diario de León

| Análisis | El Líbano, tras la muerte de Hariri |

Siria, bajo sospecha

La misteriosa muerte del ex primer ministro libanés Hariri se suma a la irritación de Washington con Damasco por su falta de colaboración a la hora de sellar su frontera con Irak

Publicado por
Miguel A. Murado - redacción
León

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Siria tenía ya serios problemas, pero la muerte del ex primer ministro libanés Hariri los ha agravado hasta lo que quizás sea un punto de no retorno. El régimen nunca ha gozado de la simpatía de Washington: durante la guerra fría, Siria fue el epítome del país árabe pro soviético, el único que, más allá incluso de los propios palestinos, se negó a aceptar la ocupación israelí de tierras árabes (incluidas las suyas, en los Altos del Golán). Tan sólo puntualmente Siria fue tolerada por Estados Unidos, como en el caso de su intervención para controlar la guerra civil libanesa. El derrumbe de la URSS, que minimizó la estatura militar de Siria, y la primera guerra del Golfo, donde el régimen baazista sirio se puso al servicio de Washington frente al régimen igualmente baazista, pero rival, de Sadam Huseín, parecían abrir un nuevo período de colaboración con Damasco. Pero una década después Siria vuelve a estar en la picota, más vulnerable que nunca, víctima de los efectos colaterales de la guerra de Irak, del ascenso de los lobbies pro israelíes en Washington y, sobre todo, de su propia incapacidad para transformarse en un régimen abierto. Actualmente, Siria está sometida a un embargo «blando» por Estados Unidos, que la acusa de servir de base para la insurgencia iraquí, algo que, aunque no demostrado, si resulta verosímil es debido al oscuro historial de los servicios secretos sirios. Lo mismo sucede con la muerte de Hariri en Beirut la semana pasada: si no las pruebas, los precedentes apuntan inevitablemente a la inteligencia siria o a alguna de sus facciones. Esto podría conducir a sanciones todavía más debilitadoras, sobre todo a que Estados Unidos fuerce la ruptura del entendimiento Ankara-Damasco, lo único que mantiene a Siria a flote en el océano de la diplomacia internacional. La muerte de Hariri ha venido a suceder, además, en un momento en que la presencia siria en Líbano se encuentra cada vez más en cuestión. A Siria (y también, curiosamente, a Israel) le gusta interpretar esta presencia en términos estratégicos. Ya no es así, obedece más que nada a factores económicos: incluso Líbano es ahora más rico que Siria y resulta indispensable para su comercio. En cuanto a Hezbolá, cuya importancia también se ha exagerado, es un secreto a voces que esta milicia chií, que efectivamente logró forzar la retirada israelí del sur del país con apoyo sirio, está hoy casi desmovilizada (se calcula que sus efectivos superan apenas el millar). También el otro aliado libanés de Siria, el partido chií (pero laico) «Amal», sufre un irremediable declive, con enfrentamientos entre su líder, Nabil Berri y Damasco. Todos saben que se acerca el fin del poder del régimen sirio en Líbano. A menos que Bashar al Assad encuentre una salida, quizás también en la propia Siria.

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