Diario de León

Akáyev, un científico que desoyó al pueblo

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El derrocado presidente kirguís, Askar Akáyev, que llegó ayer a Moscú para consultas con el Kremlin, es un científico de formación sin antecedentes comunistas que desoyó la voz de su pueblo. Akáyev adquirió fama de liberal por sus lazos de amistad con el último presidente de la Unión Soviética, Mijaíl Gorbachov, que le ascendió a diputado popular de la URSS en 1989 cuando dirigía la Academia de Ciencias de su país. Posteriormente, en octubre de 1990 fue nombrado presidente de la República Soviética Kirguís y doce meses después fue elegido jefe del Estado en unas elecciones en las que él era el único candidato. Akáyev, de 60 años, convirtió a este país en un pequeño paraíso de libertades políticas y sociales, en comparación con las vecinas autocracias de Uzbekistán y Tayikistán, escenario de conflictos étnicos y religiosos. Su principal logro fue conseguir que la mayoría kirguí, a la que él pertenece, y la minoría uzbeka -mayoritaria en el sur- sellaran la paz tras las matanzas registradas a finales de 1990 en la región de Osh y que saldaron con cientos de muertos. Áskar Akáyev, que nació en 1944 en el seno de una familia de campesinos, se licenció en Mecánica Exacta y Optica en San Petersburgo en 1968 y hasta 1989 ejerció puestos docentes en su país y en la prestigiosa Universidad Lomonosov de Moscú. El líder kirguí fue confirmado en su puesto en las elecciones presidenciales de 1995 y 2000, criticadas por los organismos internacionales por la falta de alternativa. Las críticas se atemperaron cuando Akáyev cedió en 1991 la base aérea de Manás para que Estados Unidos combatiera al régimen talibán en Afganistán. La presión sobre Akáyev aumentó con la muerte de seis manifestantes en unas protestas en el sur del país en el 2002, la represión de los medios de comunicación y la cesión de parte del territorio a la vecina China. La oposición comenzó a temer que Akáyev se planteara convocar un referéndum para reformar la Constitución por tercera vez que le impedía postular a un nuevo mandato, malestar que desembocó en las primeras protestas populares. Para asegurarse el control del Parlamento, su hija, Bermet, fundó un nuevo partidol, al estilo de Putin, para garantizar a su padre el poder. La oposición estalló.

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