Miles de jóvenes chinos salen en manifestación y atacan la embajada, tiendas y restaurantes
La escalada de la tensión política entre China y Japón desata todas las alarmas
China aprovecha la crisis política con Tokio para dirimir públicamente el liderazgo regional

Miles de jóvenes chinos protestan ante un centro comercial japonés, protegido por la policía
La escalada de la tensión entre China y Japón ya no es secreto. El emergente gigante chino ha dado un golpe en la mesa en el tablero asiático y airea abiertamente su confrontación contra Tokio por temas menores que encierran un objetivo mayor: convertir su poderío económico en el referente asiático para las democracias occidentales. Esta vez ha sido la campaña orquestada por Pekín contra el revisionismo histórico que está llevando a cabo el Gobierno japonés la que logró reunir ayer a 20.000 personas en algunos localidades al sur de China pese a la reiteradas protestas de Tokio por los incidentes del pasado sábado contra su embajada. China acusa a Tokio de minimizar en los manuales de historia las atrocidades perpetradas durante su colonización asiática en la década de los años 30. «Japón debe abordar seriamente los temas que hieren los sentimientos de los chinos, en especial los relacionados con la invasión de China, y hacer más esfuerzos para promover la confianza mutua y las relaciones bilaterales entre ambos países en vez de lo inverso», aseguró un comunicado publicado en una página de internet por la chancillería china. Más de 10.000 personas desfilaron frente al consulado general de Japón en Cantón y otros tantos protestaron ante un supermercado japonés -Jusco- en Shenzhen, gran ciudad industrial ubicada entre Canton y Hong Kong, según el portavoz de la embajada de Japón en Pekín, Keiji Ide. El sábado, los manifestantes lanzaron piedras, botellas y huevos contra la embajada y la residencia del embajador de Japón en Pekín, rompiendo varios cristales. También hubo sabotajes a bancos, tiendas y restaurantes nipones. Además, dos estudiantes japoneses fueron agredidos en un restaurante de Shangai, según denunciaron ante los medios de comunicación. Tras estas violentas reacciones, el canciller japonés, Nobutaka Machimura, convocó ayer al embajador de China en Tokio y reclamó «excusas y compensaciones» por los destrozos ocasionados. Pekín replicó acusando a Japón de ser responsable del deterioro de las relaciones bilaterales. «Claramente China no es responsable del estado actual de las relaciones chino-japoneses», declaró Qin Gang, portavoz del ministerio de Relaciones Exteriores chino. La guerra de los manuales Esta guerra de los manuales escolares se añade a la tensión anterior generada por una disputa territorial por los yacimientos de gas y petróleo en el mar de China oriental. Detrás de estas protestas china, Tokio está convencidos de que el régimen comunista instrumentaliza el nacionalismo con el fin de sustituir una ideología marxista-leninista en decadencia. Las heridas causadas por las atrocidades cometidas por el ejército nipón durante su ocupación de China (1931-1945) siguen abiertas y alimentan un profundo sentimiento antijaponés. La tensión diplomática entre ambos países aumentó con la aprobación de los polémicos libros de texto y por la visita esta semana del Dalai Lama a Japón, líder espiritual que China considera como un promotor de la independencia de la región del Tíbet. La intrusión el año pasado de un submarino nuclear chino en aguas japonesas y las visitas del primer ministro japonés, Junichiro Koizumi, al santuario donde se honran a los caídos en conflictos bélicos, entre los que figuran criminales de guerra, han minado en los últimos meses las relaciones entre ambas naciones.