Ruido en la Unión
A falta de un liderazgo claro en la Unión, los rechazos francés y holandés a la Constitución han llenado a Europa de ruido. Hay ruido por todos sitios: de las minorías nacionales que pretenden capitalizar el aparente triunfo de los grupos marginales franceses y holandeses y reabrir, en sus países respectivos el debate sobre la Constitución; de las tendencias de voto en los socios europeos que todavía deben celebrar referendos; de los que consideran que el proceso de ratificación debe ser detenido (el ex presidente José María Aznar entre ellos); de los que insisten (las instituciones europeas, los países que ya ha aprobado el texto), en que continúe; de quienes no son socios de la Unión (Noruega y Suiza, por ejemplo), pero que constatan convulsiones internas de opinión pública por los acontecimientos vividos estos días en la Unión; y de quienes, como hoy el ministro de Trabajo italiano, Roberto Maroni, aventuran la pintoresca idea de poner el euro en cuarentena, sacando nuevamente a circulación, en este caso, la lira, en paralelo con la divisa única, aunque sólo sea temporalmente. ¿Para qué? ¿Para que las desastrosas finanzas públicas italianas se hagan una cura estética con una divisa nacional devaluada al arbitrio y conveniencias de Roma a fin de recuperar la competitividad perdida? ¿En qué quedan los equilibrios macroeconómicos sobre los que se fijaron, en mayo de 1998, irreversiblemente, los tipos de cambio de las divisas nacionales que se subsumían en el euro? La bofetada de los franceses y los holandeses a la Constitución está teniendo un impacto no desdeñable en las opiniones públicas de varios países europeos. El temido «efecto dominó» esté comenzando a dejarse sentir.