| Análisis | Un paso adelante, dos atrás |
«Accidente de trabajo»
La última crisis en la franja de Gaza, desencadenada por un hecho fortuito, pone en evidencia lo poco que ha cambiado la situación general tras la retirada israelí del pasado mes
Hamás insiste en que la ex-plosión que mató el jueves a diecinueve palestinos en una manifestación en Gaza (entre ellos, el hermano de su dirigente Nizar Rian) fue obra de los israelíes. Naturalmente, nadie se lo cree. Hasta la policía palestina piensa que la tragedia se debió a la detonación accidental de los explosivos que los propios manifestantes llevaban con ellos, lo que en la terminología de la policía israelí se denomina un «accidente de trabajo». Pero Hamás, una organización ya de por sí poco inclinada a la autocrítica, no podía permitirse asumir la responsabilidad de una desgracia como esta, sobre todo en un momento tan delicado, cuando intenta rentabilizar políticamente la retirada de los israelíes de Gaza. Todo esto fue lo que les llevó este viernes a lanzar un zafarrancho de cohetes Qassam contra la única ciudad israelí a tiro de la franja de Gaza: Sderot. Nada menos que 27 misiles caseros que, aunque no causaron ningún muerto, han forzado a Sharon responder por el mismo motivo: también él está atrapado en la lógica de «acción-reacción», que evidencia que nada ha cambiado en Gaza.