Diario de León

| En dirtecto | La manifestación de Aulney |

«Sabemos quiénes son y que no digan que es por el paro»

Vecinos de Aulnay-sous-Bois marchan en manifestación pacífica sobre los cascotes de la revuelta

Vecinos de Aulnay-sous-Bois marchan en manifestación pacífica sobre los cascotes de la revuelta

Publicado por
E. Suárez - corresponsal | parís
León

Creado:

Actualizado:

De todas las razas y orígenes, junto al cementerio y la escuela, los habitantes de Aulney marcharon entre los restos de los coches calcinados para dejar constancia de su hartazgo de violencia. El silencio de la manifestación sólo se rompió en dos ocasiones: para cantar la Marsellesa y aplaudir a un camión de bomberos. Los sentimientos están sin embargo divididos entre los que comprenden a los jóvenes y los que directamente los califican de delincuentes, dándole a su pesar la razón al ministro Sarkozy. Es lo que ocurre entre Lubdna y su madre. Las dos nacidas y educadas en Francia e impecablemente vestidas con túnica y fular negro. La hija reconoce que la policía «a veces se pasa», pero reprocha a los padres de los jóvenes que no sean «capaces de educarlos y mantenerlos en casa por la noche». La joven musulmana tiene un hijo pequeño y acaba de quedarse sin coche. «Sé que el seguro me cubre, pero no podemos vivir así. Que no digan que es por la falta de trabajo, aquí todos sabemos quiénes son los chorizos». Su madre sonríe y recuerda que hace dos semanas los pararon a ella y su marido porque no se leía bien la matrícula del coche. «No podían verla desde tan lejos, pero sí mi fular y la gran barba de mi esposo. No nos tratan como es debido». Los jóvenes le han cogido el gusto a las cámaras. Se sienten importantes, protagonistas de la actualidad internacional y se inflaman ante la prensa extranjera. El mensaje casi siempre idéntico: «Es demasiado tarde, Sarkozy ha encendido la mecha, ha echado acei-te sobre las llamas y esto se quema». Es un adolescente y dice llamarse Juan, como su abuelo español. Ante la presencia de los periodistas, avanza con su pandilla y busca los micrófonos. «Cada vez que incendian un coche hacen una foto con el móvil». Llena de amargura, una sexagenaria que dice no tener miedo de identificarse como madame Lejaune, sostiene que no hay nada de espontáneo en la revuelta juvenil y descarta que el motivo sea el paro. «Soy jubilada de la policía nacional, vivo en esa torre de enfrente y tengo un novio argelino que no consigue una visa para venirse a vivir conmigo. No soy racista, pero creo que se están pasando con la excusa del paro. Sólo quieren protagonismo». La segunda patria Algunos han venido a manifestarse siguiendo las indicaciones del imán, que en la plegaria del viernes pidió el fin de la violencia con un argumento contundente: «Tenemos más derechos aquí que en nuestros países de origen». Y reconocen que «tiene razón, hay que respetar este país, es nuestra segunda patria». «No a la violencia, sí al diálogo». El mensaje tras el que desfilaron en silencio un millar de personas era válido para todos. El final de la concentración coincidió con la salida de la escuela del llamado barrio de los Mil-Mil, por el número de habitantes de cada manzana. Los niños, de todos los colores, llenaron la acera con risas y juegos. «Atention! les flics», cuidado, los polis, gritaba un chaval de origen africano que no pasaba de los 10 años. «Me pregunto qué será de los más jóvenes», acierta a decir Rachid, quien comparte la cólera de sus vecinos de Achères, que han visto desaparecer bajo las virulentas llamas intencionadas su escuela maternal. Los mediadores de los servicios sociales municipales se dejan ver. «Si Sarkozy se disculpara nos ayudaría mucho». Pero el ministro no lo hará. Ha subido en la encuestas y eso le favorece en su frenética carrera política hacia El Elíseo. MILLONES DE EUROS Lo que la mutuia de seguros de las instituciones públicas francesas tendrá que pagar a la decena de clientes que ha reclamado ya

tracking