Autoridades políticas chiíes y suníes se reúnen en Egipto para intentar retomar el diálogo
Irak sella con 130 muertos el día que intenta la reconciliación nacional
Un suicida embiste con un coche bomba a una familia que velaba a un muerto y mata a 30 civiles

Líderes iraquíes reunidos en El Cairo, en la Conferencia de la Reconciliciación
Al menos 30 personas murieron ayer cuando un suicida irrumpió con su vehículo bomba en una ceremonia de condolencia por un difunto, lo que eleva a más de 130 el número de personas, principalmente chiíes, que han perdido la vida en dos días en Irak en varios atentados. Además, más de 200 personas han resultado heridas en el transcurso de esta serie de ataques que han afectado tanto a Bagdad como a la región al noreste de la capital. El sábado al mediodía, un suicida que iba a bordo de un auto cargado de explosivos arremetió contra una tienda de campaña que hacía de velatorio, en Abú Saida, localidad situada a unos 90 kilómetros al norte de Bagdad, precisó el jefe de policía de la provincia de Diyala. Según un testigo, la familia chií Srayui recibía, por segundo día el pésame por la muerte de un pariente en una tienda instalada en una plaza cuando el coche del kamikaze embistió el habitáculo. Durante la mañana, otras 13 personas perecieron y 20 fueron heridas en un atentado con coche bomba perpetrado en un mercado popular del sureste de la capital. El vehículo estalló en medio de los habitantes del barrio de Jisr Diyala que habían ido a hacer sus compras. Poco antes, otro vehículo bomba estalló en una calle comercial del centro de Bagdad al paso de una patrulla de policía. En este caso, 13 personas resultaron heridas, tres de ellas agentes. En Baaquba y Baiji, al norte de la capital, cuatro personas, entre ellas tres policías, perdieron la vida y nueve fueron heridas en dos ataques, detallaron fuentes de las fuerzas de seguridad. El viernes, tres ataques suicidas en el noreste de Irak y Bagdad causaron al menos 81 muertos y un centenar de heridos, lo que suma uno de los peores balances desde la caída de Sadam Huseín, en abril del año 2003. Los dos atentados más sangrientos se produjeron en Janequin (170 kilómetros al noreste de Bagdad), cerca de la frontera iraní, cuando dos kamikazes se mezclaron entre los fieles en el momento de la oración del mediodía en dos mezquitas de la ciudad y accionaron sus bombas, con el resultado de 78 muertos y 90 heridos. Un tercer atentado, a cargo de dos suicidas a bordo de coches se cometió el viernes en un barrio al sur de la capital, cerca de un hotel donde se alojaban extranjeros y un centro de detención del ministerio del Interior donde se descubrió hace unos días que había prisioneros maltratados. En este caso perecieron seis personas. ¿Reconciliación? Para intentar favorecer una reconciliación entre las diferentes facciones y comunidades iraquíes, la Liga Árabe organizó ayer en El Cairo una reunión que tiene que permitir a las personalidades iraquíes exponer durante tres días sus quejas y reivindicaciones. El encuentro busca reintegrar a los suníes en el juego político iraquí y preparar una gran conferencia de reconciliación nacional en Bagdad después de las elecciones del 15 de diciembre. Las primeras horas de la reunión estuvieron marcadas por las recriminaciones, lo que prueba las dificultades del diálogo interiraquí. El jefe del sunita Comité de los Ulemas Iraquíes acusó al primer ministro chií, Ibrahim Jaafari, de haber hecho un discurso basado «en un espíritu de exclusión». Además, el jefe de la que es la principal asociación religiosa de esta confesión e influyente en los bastiones rebeldes iraquíes, hizo una lista de peticiones suníes, entre ellas la elaboración de un calendario de retirada «de las fuerzas de ocupación», refiriéndose a estadounidenses y aliados. Jaafari afirmó en su discurso que la fraternidad entre chiíes y suníes es «una realidad en Irak» y que «son los terroristas los que se esconden detrás de las etiquetas confesionales». La conferencia de El Cairo es la más importante reunión de líderes de las diferentes facciones religiosas y étnicas iraquíes para tratar de acabar con la violencia que arrasa el país y que ha costado la vida a decenas de miles de personas, la mayoría de ellos civiles. «Lo que buscamos es superar la crisis para construir el nuevo Irak y lograr la unidad entre todas sus facciones», explicó el presidente egipcio, Hosni Mubarak, en su discurso inaugural. El dignatario egipcio pidió a los grupos que aparten sus diferencias para construir «el Irak del futuro, donde el consenso nacional supere las consideraciones religiosas, étnicas o comunitarias».