Diario de León

La «revolución naranja» se vuelve gris

Decepción en Ucrania un año después de la revuelta pacífica que llevó al poder a Yúshenko

Un joven ucraniano pasa con su burro por delante de una protesta contra  Yushchenko

Un joven ucraniano pasa con su burro por delante de una protesta contra Yushchenko

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Rafael Mañueco - kiev
León

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Un año después de la «revolución naranja» que lo llevó al poder, el presidente de Ucrania, Viktor Yúshchenko, es testigo del declive de su popularidad y de la ralentización del crecimiento económico en un país que se acostumbra a la libertad y empieza a posicionarse en Europa. «Estoy convencido de que no perdimos la oportunidad» de transformar Ucrania, pero el procedimiento es dolorosamente largo, dijo hace pocos días el ministro del Interior, Yuri Lutsenko, uno de los pilares de la revolución del invierno boreal de 2004. La rebelión pacífica que ocupó las portadas de todo el mundo y permitió la elección de Yúshchenko, antes en la oposición, no ha estado acompañada por milagros económicos o sociales, algo que decepciona a la población. Un año después de ese hito, un gran número de ucranianos siguen viviendo en la pobreza y subsiste la corrupción. Llena de contradicciones, la política económica del gobierno que prometía revisar las privatizaciones realizadas por el antiguo régimen desalentó a los círculos de negocios. El resultado es consecuente: el crecimiento económico fue de 2,8% en los primeros 10 meses del año, contra 12,3% en el mismo período de 2004, y las inversiones extranjeras directas bajaron un 14% en el primer semestre con respecto al igual período del año anterior. Un año después, casi el 60% de los ucranianos creen que se han traicionado los ideales de aquella revuelta pacífica que hizo a Ucrania famosa en todo el mundo. Las encuestas hablan por sí solas, un 39% de los ucranianos considera que Yúshenko, cabecilla de aquella marea naranja, no ha cumplido sus promesas mientras que un 20% piensa incluso que está haciendo justo lo contrario de lo que proclamó. El máximo mandatario ucraniano afirmó hace un año, antes de ser elegido presidente, que lucharía sin cuartel contra la corrupción, elevaría el nivel de vida de la ciudadanía y acercaría el país a la Unión Europea. Esta última promesa es la única en la que se ha progresado algo. En lo que se refiere a la economía, las cifras son elocuentes: el crecimiento económico ha pasado de un 12,3%, el año pasado, a un 2,8% en lo que va del presente. Yúshenko, sin embargo, ha pedido paciencia y ha recordado que el principal valor obtenido tras la «revolución naranja» ha sido la libertad.

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