Los pacifistas acamparon frente al rancho Crawford, desafiando una prohibición local
Los activistas anti Irak acosan a Bush en el Día de Acción de Gracias
Cindy Sheenan, símbolo de la protesta, inaugurará una plaza en memoria de su hijo

Dede Miller, hermana de la «madre de la paz», Cindy Sheehan, fue arrestada ayer
Las protestas contra la guerra de Irak persiguen a George W. Bush hasta el Día de Acción de Gracias. A la espera de Cindy Sheehan, la madre coraje de uno de los soldados muertos, decenas de manifestantes acamparon en los alrededores del rancho de Crawford (Tejas), en el que Bush pasará seis días. El miércoles, horas después de la llegada del mandatario, acompañado de su mujer, sus hijas, sus dos Scottish Terrier y su nueva gata India, doce activistas fueron detenidos por violar los bandos locales que prohíben acampar en las inmediaciones del rancho, aprobados después de que Sheehan y los suyos acamparan durante 26 días en agosto. Su intención, la de entonces y la de ahora, es exigir a Bush el regreso de las tropas de Irak. Los cargos a los que se enfrentan los detenidos, que quedaron en libertad horas después, están penados con 180 días de cárcel y 2.000 dólares de multa. Una de las arrestadas fue Dede Miller, hermana de Sheehan. «Estamos orgullosos de estar aquí otra vez. Esto es muy importante, lo que hicimos en agosto nos dio un empujón y esto es la continuación», señaló Miller. Su hermana, que se ha convertido en la nueva cara del movimiento antibélico, tiene previsto llegar hoy a Crawford, después de que una emergencia familiar le retuviera en su casa de California. Sheehan será la protagonista en la inauguración de un pequeño jardín llamado Peace House en memoria de su hijo Casey, muerto en Bagdad en abril del 2004, el responsable de que todo este movimiento echara a andar. Además, mañana participará en una marcha. Pero Sheehan llegará esta vez con un libro bajo el brazo. Not one more mother's child salió a la venta el miércoles y en él recoge sus experiencias desde que se convirtió en una de las últimas pesadillas de Bush, que ha visto como su popularidad ha caído en picado por la oposición creciente a la guerra. Sheehan fue uno de los detonantes. Y hasta que no obtenga una respuesta del presidente a la pregunta de por qué «noble causa» murió su hijo no va a abandonar la lucha. «Nuestro movimiento no morirá hasta que nos digan la verdad y las tropas vuelvan a casa. Acostúmbrate, George. No nos vamos a ir», escribe. Mientras tanto, Bush disfrutará del tradicional pavo y pan de maíz. A pocos kilómetros, instalados en un pedazo de tierra que les ha prestado un vecino del presidente que simpatiza con su causa, los activistas prefirieron degustar comida árabe para denunciar «la abundancia que tenemos en EE.UU.».