Tensión en la reunión con la nueva cancillera alemana, primera parada de su gira europea
Rice dice en Europa que rectificará los errores en su lucha contra los terroristas
La secretaria de Estado se enfrenta a una demanda por el secuestro de un alemán por la CIA
Rice y Merkel se estrechan la mano ante la prensa
La nueva canciller alemana, Ángela Merkel, afrontó ayer su primera prueba diplomática en calidad de anfitriona de Condoleezza Rice. La jefa de la diplomacia estadounidense inició una complicada gira europea en la capital alemana, donde debería haber sido recibida con los brazos abiertos por la jefa de un nuevo ejecutivo que late más a la derecha que el de su antecesor, Gerhard Schröder. No obstante, Merkel se vio obligada a abordar el espinoso asunto de los vuelos que la CIA realizó en Europa, trasladando prisioneros, y que han revolucionado el clima político germano. Sobre todo después de que varios medios publicaran una lista de centenares de vuelos «sospechosos», que hicieron escala en territorio alemán antes de partir hacia las presuntas cárceles clandestinas en Europa del Este, Irak y Afganistán. En caso de haber cometido errores en el transporte de prisioneros, dijo ayer la secretaria de estado norteamericana ante la prensa en Berlín, Estados Unidos estaría dispuesto a «corregirlos de inmediato». Se refería al caso de Yaled Masri, que ayer presentó una demanda formal contra la CIA, concretamente contra su ex director, George Tenet, por arresto ilegal y tortura. Masri no se da por satisfecho con las excusas de Rice en privado a Merkel, ya que frente a los medios nunca llegó a pronunciar su nombre. El ciudadano libanés-alemán fue detenido hace dos años en Macedonia bajo sospecha de terrorismo. Fue entregado a la CIA, que lo trasladó a una cárcel afgana, donde según sus propias informaciones fue torturado. No sería liberado hasta medio año más tarde, cuando se confirmó su inocencia. Tensión en los rostros En el rostro de ambas políticas se dibujaba ayer la tensión que supo ocultar mejor la diplomática norteamericana. Su discurso se centró en defender fervorosamente las prácticas de la CIA en Europa, «que han salvado muchas vidas norteamericanas y europeas» y asegurar que «Estados Unidos no practica la tortura». El escándalo no sólo ha puesto en la picota -una vez más- a los servicios de inteligencia estadounidenses, sino también a los gobiernos europeos, que podrían haber dado luz verde a dichas operaciones. Razón por la cual Merkel no sólo hizo hincapié ayer en que en la lucha contra el terrorismo Alemania y el resto de los países han de respetar las «reglas democráticas». También explicó que había pedido a su actual ministro de Exteriores, el socialdemócrata Steinmeier, que explique lo que sabía el gobierno de Gerhard Schröder sobre las prácticas de la CIA en suelo alemán. Y he ahí el quiz de la cuestión. Porque son varios los medios que afirman que Otto Schily, el entonces ministro del Interior, fue informado por el Pentágono de la detención de Masri, convocándole a mantener silencio. Y si Schily estaba al corriente, también tenían que estar informados el ministro de Exteriores, Joschka Fischer, y el entonces jefe de la Cancillería y responsable de los servicios secretos alemanes (ahora titular de Exteriores), Steinmeier.