Diario de León

El «ciudadano presidente» cobrará unos 35 euros al mes después de la última subida salarial

Cuba sale de la crisis con los mejoresresultados económicos de su historia

El PIB creció el 11,8%, pero los críticos sólo admiten la mitad aunque reconocen que ha sido espectacular

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Un día como hoy hace 47 años, Fidel Castro Ruz, el hijo de un terrateniente gallego oriundo de Láncara, hacía su entrada triunfal en La Habana. Una semana antes, ante el avance imparable de las tropas revolucionarias el dictador Fulgencio Batista abandonaba el país. Así empezaba la revolución más sui generis del siglo XX, que va camino de los cincuenta después de haber superado una larga serie de crisis que parecían insalvables, in-cluso para los más optimistas. ¿Cómo les va a los cubanos tras casi medio siglo de revolución? La Voz se fue a La Habana para palpar sobre el terreno la realidad actual y las perspectivas de futuro, en un momento en el que el líder indiscutible de la revolución está al final de su ciclo biológico. Después de largas conversaciones con dirigentes del régimen, compañeros de colegio de Fidel Castro, allegados a éstos, ciudadanos de a pie, artistas, profesionales muy críticos con el sistema, empresarios españoles afincados en el país y muchas horas pateando pot todos los recovecos de la ciudad, una primera conclusión resulta evidente: los cubanos lo están pasando francamente mal pero sobrellevan la situación con mucha dignidad y, porqué no, con mucha imaginación. En la calle no se palpa miseria, pero sí se respira mucha pobreza. La Habana es una de las ciudades más seguras de toda América, pero las estadísticas revelan que un 25% de 11,5 millones de ciudadanos cubanos viven en situación de pobreza extrema. Esta realidad choca, aparentemente, con las cifras oficiales presentadas días pasados por el ministro de Economía, José Luis Rodríguez, quien cuantificó el crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) en el 2005 en el 11,8 %, uno de los más altos del mundo, muy superior a los de Venezuela y China, que se sitúan entorno al 9%. Para entender estas cifras de crecimiento, que no son homologables, hay que aclarar que el Gobierno cubano comenzó en el año 2004 a incorporar al cálculo del Producto Interior Bruto los gastos en servicios sociales como educación y salud, habitualmente excluidos porque no generan ganancias. Exportación de servicios La Habana dedica muchos recursos a esos conceptos que son gratuitos para los 11,2 millones de habitantes. Pero, además, este año agregó a la estimación del PIB una importante «exportación de servicios sociales a varios países», en especial a Venezuela, comentan fuentes de la Cepal (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), que decidió no incluir a Cuba en su informe preliminar sobre la región en tanto evalúa los cálculos de acuerdo con los métodos que aplica la ONU. En cualquier caso, la economía cubana registró en el 2005 los mejores resultados de su historia. Estas cifras, aunque resulte chocantes son compatibles con otras no menos elocuentes: el sueldo mensual de Fidel Castro, después de rebajárselo a la mitad, cuando llegó a primer ministro en 1976, es de 750 pesos -unos 30 euros - y con la subida salarial aprobada a finales del pasado año este mes cobrará 900 pesos. Un médico especialista, casi tan viejo en el oficio como el máximo dirigente de la revolución, gana un poco menos. El sueldo medio del trabajador cubano, excepto unas 2.000 personas que trabajan por su cuenta, estaba por debajo de los 15 euros mensuales. Ahora, con los nuevos presupuestos va a registrar una subida media del 25 %, pero a eso hay que restarle una inflación del 4%. El arte de la supervivencia ¿Cómo sobreviven los cubanos con estos ingresos? La respuesta oficial es que los gastos básicos -sanidad, educación, vivienda, energía e incluso espectáculos deportivos, como el béisbol, que es el deporte nacional-, están cubiertos por el Estado, no en su totalidad, pero casi. Por otra parte, los productos básicos de la cesta de la compra, los que se obtienen a través de la tristemente célebre cartilla de racionamiento, también están fuertemente subvencionados. Pero cuando se habla con los cubanos de a pie, ni así salen las cuentas. Todo eso permite comer a duras penas. «Para vivir, vivir -dicen- hay que buscarse la vida». La protagonista de «Habana blues», una de las películas triunfadoras en el 27 festival de cine latinoamericano de diciembre, se veía obligada a vender artesanía en el tiempo que le dejaba libre su actividad docente y a depender del dinero que su madre le enviaba desde Miami. En la vida real hay enfermeras que durante el «período especial» -los años que van desde la desaparición de la ayuda soviética hasta la fecha- decidieron cambiar de bata y colocarse de camareras, «porque en un hotel siempre te puede caer una propina, pero en un policlínico no ves un triste peso». Por idénticos motivos hay médicos que en sus horas libres trabajan de taxistas. En este oficio, además de las propinas siempre existe la posibilidad de llegar a un acuerdo con el cliente y embolsarse el importe íntegro de la carrera, olvidándose del taxímetro. Eso sí, cogiendo al cliente en la calle, porque en las paradas el control del comisario de turno es riguroso. «La gente sobrevive porque existe una microcorrupción generalizada», explica un empresario español afincado en La Habana que prefiere mantenerse en el anonimato, «para evitar un posible conflicto diplomático». Una parte nada desdeñable de los cubanos subsiste con las ayudas que mensualmente reciben del exterior, de familiares que han abandonado el país legal o ilegalmente y están instalados en Estados Unidos o en España. Todo ello gracias o a pesar del denostado bloqueo.

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