| Crónica | La vida tres años después |

«Siento que estoy en la cola de la muerte»

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Ross Colvin - bagdad
León

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Tres años después de la invasión estadounidense que derrocó el régimen de Sadam Huseín, los iraquíes tienen una preocupación principal: sobrevivir. «Cada día siento que estoy en la cola de la muerte», dijo un abogado de Bagdad, demasiado asustado como para dar su nombre. La mayoría de las personas consultadas sobre si desde entonces su vida mejoró o empeoró se muestra apesadumbrada, como mucho ambivalente, ya que nuevos temores han sustituido a los antiguos. «En cuanto a la seguridad, la vida era mucho mejor», declaró Adel Husein, un hombre de negocios de 45 años de Basora, en el corazón de la industria petrolera del sur del país. «Pero económicamente, ahora se está mucho mejor». En Kirkuk, otra ciudad petrolera pero en el norte, acosada por la violencia, el trabajador Ali Salman manifestó: «Antes de la guerra (...) la tortura y los asesinatos se hacían en secreto. Ahora todo es público. El significado de la libertad es diferente: ahora eres libre para vivir, y libre para morir». El cauto optimismo despertado por las elecciones de diciembre, que transcurrieron mayoritariamente con tranquilidad, ha desaparecido por las continuas disputas entre los políticos para formar un gobierno de unidad nacional y la oleada de violencia sectaria que ha empujado a Irak al borde de la guerra civil. Desconcierto y temor Todo el mundo está harto del baño de sangre diario. «¿Dónde está la nueva democracia? ¿Por qué nos está pasando esto?» se preguntó Hamad Farhan Abdulá, un granjero de 57 años del sur de la capital que llegó a la morgue de Bagdad buscando el cadáver de su sobrino, que temía hubiese sido asesinado por escuadrones de la muerte. «El fantasma de la muerte nos busca por todas partes», dijo Thanaa Ismail, una profesora de 45 años de la ciudad de mayoría chií de Diwaniya.

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