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León

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La contundente cólera de los vecinos de Kabul -con gritos de «muerte a América» y «muerte a Karzai»- llega después de que el mando de la coalición reconociera haber matado al menos a 16 civiles en un ataque aéreo contra posiciones talibanes en Helmand, provincia que escapa en parte al control gubernamental. Los manifestantes de ayer probablemente no sabían que casi al mismo tiempo que ellos reaccionaban como lo hicieron, unos 50 guerrilleros morían también en el sur en otro bombardeo. La sucesión de incidentes con la llegada del verano, el recurso de los talibanes a procedimientos terroristas clásicos como los coches bomba y, sobre todo, el atentado suicida, parecen confirmar un agravamiento de la situación sobre el terreno. Y todo cuando Estados Unidos ha conseguido que, poco a poco, la Otan se haga cargo de la seguridad del país y se fundan de hecho las labores propiamente militares de la operación Libertad Duradera (norteamericana) con las de reconstrucción material y mejora de la convivencia (Asistencia a la Seguridad) de la coalición, en la que España aporta una contribución considerable. Algunos medios atisban ya de manera abierta un escenario degradado que equivaldría a una especie de iraquización del conflicto afgano, que parecía mucho mejor encarrilado y, al fin y al cabo, había puesto en marcha un proceso político-institucional meritorio con diligencia y buen sentido.

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